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M U J E R E S DE PARÍS MARTA REGNIER r o hay una sola artista parisina que no sueñe con Pero Marta Regnier no olvidará su viaje por Esle voyagc en Espaguc... ¡España 1 Carmen! paña... ¡Ah, no! Y seguramente se trajo á París ¡Las juergas. j Los toreadores! como recuerdo alguna pandereta, un buen par de banderillas de lujo, unas castañueLian leido tanto, las han hablado tanto, las con madroños y el inevita ue no ven llegar el momento de meterse en ble mantón de Manila, porque el tren para hacer una correría por la Peuna correría no hay francesa que al regresar ninsul de España no e com rc estos Los empresarios y agentes teatrales corce lcrdito nocen esta debilidad de las estrellas franceAhora, lo rpic de fijo siente sas y saben aprovecharla. Artistas que coAlarla R e g n i e r es no bran muchos miles de francos ¡lor salir al haliersc traído, adeextranjero, han aceptado la jjroposición de 111,i s, iin m a r i d o una touniéc por Lspaña casi de balde. Yo podría citar á muchas jmra las (pie no sólo Jcsí JUAN no fué negocio el viajecito, sino que las costó dinero. ¡Vamos l l a s dicen los agenCADENAS. tes. -Decídanse ustedes... ¡Voyons! ¡lis tan agradable visitar L spaña en este tiempo I ¡Es la época de las corridas de toros, de las ferias de Andalucía hay tantas flores, tanta luz, un cielo tan azul... i Bien merece todo esto que hagamos un pequeño sacrificio en el precio! ¡Voyons! España es pobre... I Los teatros no ganan dinero. Y las convencen... En vez de los miles de francos (lue ellas pedían, los agentes ponen en los contrato? todas esas cosas: cielo, luz, flores, corridas de toros verbenas, chulas y toreadores... Y ellas van resplan decientes de alegría, porque al fin ven realizado si sueño. Si el contrato no es muy brillante, en eambi (el gustazo que se dan es grande... Pero todo esto nc impide que los empresarios luego hablen á sus públi eos de lo caro que cuesta arrancar una estrella decielo de París... y pongan á cinco duros la butaca. Marta Regnier era una de las artistas que más deseos tenía de visitar España... ¡Oh, sí! Unos deseos locos, y se lo decía á todo el mundo. ¡No sabía ella lo que la iba á costar el viajecito! Porque Marta Regnier, que está unida por los indisolubles lazos del matrimonio con el actor Tarride, al salir de París tuvo que separarse de su esposo, que, en la actualidad, dirige el teatro de la Renaissance, y al volver... No sabéis lo que la ocurrió al volver? Pues que se encontró con la pequeña sorpresa de que tenía que solicitar á toda prisa el divorcio... Marta Regnier anduvo recorriendo las ciudades españolas encantada, visitándoh; todo, conociéndolo todo... El público castellano la colmaba de aplausos en el teatro v de piropos en la calle, y todos los días enviaba telegramas á su esposo dándole cuenta de las incidencias del viaje y asegurando que la quedaría recuerdo eterno de su visita á hispana. ¡Ya lo creo! En París, en tanto, sucedían cosas extraordinarias... Mientras Marta Regnier, hacía su tournée artística, el Sr. Tarride tropezaba con otra actriz en los bastidottes de su teatro y ambos comenzaban uno de esos diios de amor que jamás se sabe cómo concluirán... Es decir, éste sí se sospecha a cómo va á acabar, porque en el juicio llamado de conciliación, preliminar obligailo de toda demanda de divorcio, los cónyuges Tarride- Marta Regnier no lograron poner. se de acuerdo... El final, por consiguiente, se aproxima, v dentro de un ar de meses, á lo sumo, Marta Regnier andará rodando por los escenarios otra vez soltera, y el Si- Tarride, des pues de una temporadita de viudo alegre se casará de nueyo con la dueña de sus actuales pensamientos. Ya ven u. stedes con qué 1 tf facilidad se solucionan aquí las situaciones jfv más complicadas... Este París es una deII iiri Mitt licia. r