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m mudER m. m ní HAY Q U E VIVIR DE PRISA 1 í na discusión infantil me sugiere la idea compa rativa entre los niños de antes y los de ahora. Dos chiquillos, á cual más m o n o rubio, de ojos azules, u n o morenucho, con ojos negros, de mirar muy vivo, el otro. Los dos bien vestidos, jugaban, respectivamente, con una bicicleta y con un automóvil, movido por medio de pedales, que manejaba hábilmente el chauffeur en miniatura. Los chicos estaban descando entablar conversación pero no sabían cómo empezar; el del auto fingió un percance en el motor y se bajó para arreglarlo, y entonces el ciclista acudió cortésmente para ayudarle. Ya estaba hecho el conocimiento y los dos pasearon juntos ó cambiando de máquina. Al cabo de un rato, se le ocurrió al rubio de ojos azules una combinación, que propuso á su nuevo amigo. -Si tú quisieras, 5o díauios hacer un cambio or ocho días. Yo te dejo mi bicicleta y tú me das el automóvil, y el lunes que viene volvemos á cambiar y cada imo nos quedamos con lo nuestro, ¿quieres? El morenucho de ojos negros, de mirar muy vivo, repuso: -L o siento nnicho; pero no puede ser, porque tu máquina tiene menos velocidad que la mía, y yo necesito vivir muy de prisa, ¡tengo tanto que hacer! Pero si quieres ir á alguna parte, te llevaré con mucho gusto- -añadió con la seriedad de un hombre formal. Necesito vivir de prisa esta es la frase que or equivocación repite todo el mundo, porque, en lionor de la verdad, debieran decir quiero vivir de prisa Antes, los niños eran felices con un carrito, rjuc empujaban ellos n n s m o s luego, con un coche, tirado or un pacífico perro de a g u a s ahora, con un automóvil, f ue se les figura capaz de llevarlos á ima velocidad de sesenta kilómetros por hora, y mañana jugarán con un aeroplano. E s necesario vivir de prisa pero la vertiginosa carrera á que la humanidad se lanza, destruye los encantos verdaderos de la vida tranquila. T as excursiones, relativamente sosegadas, desarrollan todas las facultades y enseñan á gozar de los encantos de la Naturaleza, admirando el i) aisaje y pudiendo apreciar detenidamente las obras de arte, las industrias y la arquitectura del sitio (pie se visita. En cambio, las excursiones en m 50 11. P. sólo sirven para roducir el vértigo. Prcgimtad á cualquiera y dirá con aire satisfecho: H a sido delicioso; hemos recorrido trescientos kilómetros y hemos visitado un Museo, la catedral y dos fábricas, deteniéndonos para almorzar en el camino; todo en seis horas y diez minutos. Esto es todo lo que saben; que han hecho muchas cosas en poco tien: ipo. Lo mismo sucede con los estudios, el trabajo y hasta con los afectos. Como es preciso no correr, sino volar, se emprenden mil cosas á la vez, y si el resultado no es inmediato, se abandonan como imposibles por falta de tiempo. ¿Y quién es capaz de sentir afecto hacia una persona, porque sus cualidades atraigan 6 porque su trato subyugue? N o puede ser; en la vertiginosa carrera que nos arrastra, no es posible detenerse para conocer á nadie, ni mucho menos escuchar al corazón para saber lo que desea. E s preciso volar, hasta que el tiempo, implacable enemigo de la juventud, corte las alas, y entonces, ¡qué triste será el final de la vida, sin hogar, con el solo recuerdo de los kilómetros recorridos ó de las elevaciones inconmensurables alcanzadas! Prefiero los niños c ue jugaban con el carro, y al cabo de muchos años jugaban con los nietecitos que, llenos de amor, endulzaban su vejez, porque no habían aprendido á volar y desconocían el vértigo de la velocidad. CONSEJOS ÚTILES r cncralmcnte, en el campo, en los balnearios ó en los hoteles se pasan varias horas del día sin saber qué hacer, y resultarían interminables si una labor cualquiera no acudiese para desterrar el aburrimiento. Con este objeto pueden hacerse mil monadas. Una pantalla Imperio, de batista blanca, bordada á la inglesa, formando tres medallones, con el centro de encaje de Venecia, y de uno á otro entredoses de Valcncicnnc y guirnaldas bordada. s. Como final, arriba y abajo puede ponerse un rizadito do encaje ó ric batista. Esta es una labor bonita y útil á un mismo tiempo. 1 os medallones de Venecia tienen muchas aplicaclones y pueden hacerse sin objeto determinado en la seguridad de que siempre se encontrará donde colocarlos. Son sumamente sencillos, y me alegraré que las lectoras de La mujer y la casa utilicen la siguiente explicación: Sobre papel vitela se dibuja un cuadrado, cruzándolo con cuatro líneas en forma de estrella; partiendo de esa base, se hace el dibujo que se quiera, pero siempre con líneas rectas, sin curvas. Sobre este dibujo, que se fija en un acerico, se pasan cuatro hebras de algodón, marcando todos los contornos, y se sujetan con otra hebra formando un cordón muy ligero. Luego se cubren á punto de festón, dejando cada cuatro puntos uno suelto, como si fuera una presilla. En el centro, donde se cruzan las cuatro líneas primeras, se hace un milano. a conservación de los vinos es una cosa muy interosante y que todas las amas do casa deben saber. El Burdeos debe de estar en sitio templado y soco; por el contrario, el vino do Borgoña necesita temperatura muy baja y húmeda. En general, todos los vinos, en todas las estaciones del año, deben llevarse al comedor varias horas antes de ser servidos, porque con la temperatura del cuarto se desarrolla extraordinariamente el aroma. Xunca deben ponerse las botellas corea del fuego ni meterlas en agua caliente. Siendo posible, el Burdeos debe subirse al comedor la víspera de la comida, y descorcharlo tres horas antes de servirlo. Para probar los vinos muy añejos, conviene tomar primero un pedazo de queso de Gruyere ó y de este, modo se apreciarán mejor sus cualidades. p a r a evitar que el cuerpo se detorme, es muy conveniente darse masaje con alcohol en el momento de acostarse, y dormir con una faja de punto inglés, de seda; sujeta sin oprimir y evita el desarrollo de grasas, que son el enemigo más temible de la esbeltez. J