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m a r j u n t o á sí á algunas de sus d a m a s favoritas, á cuya cabeza uso á su c a m a r e r a mayor, p a r a que, con o t r a s de la ari tc- acia m: s encopetada de P e tersbiirgü, le ayudasen en la ejecución de la obra m a g n a ue proyectaba, le o r g a n i z a r socorros y auxilios para los heridos y los menesterosos. E r a la é joca en ue se e n c o n t r a b a n ya en la capital g r a n LÚmcro de los c a n t a n t e s más a f a m a d o s de E u r o p a La Melba, la la Pacini, Caruso, Anselmi, Battistini, T i t t a- R u f f o c o n t r a t a d o s todos p a r a r e p r e sentar en el gran teatro de la era, cuya i n a u g u r a ción no había, tenido lugar aún. Los rusos, aijasionaiios por la música, y especialmente por la ópera italiana, ya ue no habían conseguido olvidar los esplendores del a r t e ni aun en medio de los h o r r o r e s de la g u e r r a esperaban la a p e r t u r a del imperial coliseo con el a r a n y la ilusión a c o s t u m b r a d a se p r e g u n t a b a n ansiosos p a r a cuándo se les r e s e r v a b a tan anhelada sorpresa. L a zarina, ¡ue conocía las aticiones de sus subditos, imaginó uc sería de gran éxito v material r ivecho i n a u g u r a r la temporada teatral con un g r a n concierto, en el cual tomasen jane todos aípiellos famosos artistas, y cuyo producto se destinara á beneficio de las fan. iilias de los desgraciados (pie habían sucumbido por la honra de la patria. L a s d a m a s elegidas p a r a la eieciición de tal p r o yecto conijietian en celo y actividad p a r a complacer á la a u g u s t a soberana, v constituidas CÜ J u m a cuya presidenta era la princesa Suharovv, cam. irera níayor de la e m p e r a t r i z decidieron reunirse á diario en su casa p a r a ir o r g a n i z a n d o y p r e p a r a n d o la g r a n fiesta benéfica. Com onian la j u n t a ader. iás de la princesa, doce d. amas particulares le la zarina doce de la más alfa aristocracia, entre las cuales, ¡a intelectual princesa C rowzinska, la elegante condesa Laizow. la hermosa iirincesa Minakow, la li. ironesa Miresky y otras, todas herinos; s, elcga. ntisimas v dislinguidas en la sociedad por su talento, sus gi; stos ariísticos -su irreprocliable conducta. Se reunían en casa de la princes. a S u b a n i w des jués de almorzar, y allí uedabau t r a b a j a m l o hasta ia hora del té, ue les ofrecí; hi amable dueñti de la ettsa en su lujosísimo y severo comedor. Pero al segundo día de retmiór, vieron Lis señoras que, á pesar de su buena voluntad, dificilísimo y casi imposible les resultabti el trabajo sin la avud. a de alguna persona competente v acostumbrada á la organización de semejantes cosas. Después de oir las d i i c r e t u c s opiniones (k lodris las sefüirp. s. ¡iropuso la princesa r e c u r r i r al director del N o ie- Vremia, que era, á la sazón, el periódico más en boga en la corte, á fin de que les enviara personas á propósito p a r a dirigirlas y a y u d a r l a s en tan g r a v e tarea. Dicho V hecho. Se expidió u r g e n t e m e n t e una amable car. la. firmada i) or tod; is las senora á ílielio hrector. y al día siguiente recii) ieron una galaiUe misiva i) rometiéndoles el concurso de tres de los mejores redactores del periódico, que quedarían á Las órdenes y á disposición, de la aristocrática j u m a J (M- los salones de la princesa S u h a r o w desfilabtm las bellas damas, puntuales al benéfico raidcs- r us. llegando al inmenso despacho, en medio del cual, ante una soberbia mesa de no. gal tallado, sentábase la simpática presidenta y d u e ñ a de la casa. T o d a s las señoras, envueltas en h e r m o s a s pieles y a t a v i a d a s con elegancia suma, iban tomando asienio en sillas dispuestas á su alrededor, cuando se a n u n c i ó la llegada de los esperados redactores del Novo ie- Vrentia, los cuales, correctos y respetuosos, saludando á todas las d a m a s asistentes, comenzaron á d a r s e cuenta de lo que se t r a t a b a S u g i r i e r o n la idea de ir en comisión á visitar á todos los a r t i s t a s p a r a pedirles accediesen al r u e g o (pte por medio de sus d a m a s les dirigía la z a r i n a m i s m a Obtenido su cünsentimiento, que daban por I I seguro, opinaron que debía llenarse la ciudad de d e s l u m b r a d o r e s carteles a n u n c i a n d o el g r a n a c o n t e cimiento y a s i g n a r á las localidades, desde los p r e cios m á s altos hasta los más e x a g e r a d a m e n t e modestos, á fin de que acudiese el pueblo, lo mismo que la a r i s t o c r a c i a y las clases poderosas. Resolvieron, en fin, t r a e r unos escribientes, e n c a r g a d o s de hacer listas y de e n v i a r localidades á P e t e r s b u r g o entero. Satisfechísimas las señoras del resultado de la a t a r e a d a sesión, suspendiéronla, despidiéndose h a s ta m a ñ a n a p a r a c o n t i n u a r los t r a b a j o s con t a n t o entusiasmo empezados. Al día siguiente, el hermoso despacho de la p r i n c e s a S u h a r o w había sufrido una t r a n s f o n n a c i ó n A d e m á s de la ocupada por la p r e sidenta, contenía tres mesas más, colocadas en los tres ángulos de la habitación y d e s t i n a d a s á los e s c r i bientes ue debían acudir á la j u n t a Xo se hicieron éstos esperar, y, cuando las damas estaban ya r e u n i das, e n t r a r o n acompañados por uno de los r e d a c t o res del a f a m a d o periódico, que c e r e m o n i o s a m e n t e los presentó á las señoras íichel J. ucknow, Líoris Zavalensky, I van P i l o u w Inclináronse res etuosamente, y, á invitación de la princesa, fué cada uno tomando asiento en la mesa que le estaba destinada. Comenzó la presidenta iior e n t e r a r l o s de m los artistas todos habían g r a c i o s a m e n t e accedido al ruego de la Juntti y enviaban nota de lo que pensaban e j e c u t a r leyeron las listas que cada señora traía le persontis amigas y conocidtts pitra el en -ío de localidades, y. después de a c o r d a r el orden del prog r a m a se r e d a c t a r o n los carteles de anuncios, y la in itación de las d a m a s par. a el concurso á ka fiesta. Las lloras volaban en tan afanosa ocu ación, lleg. ando, sin que nadie se diese cuenta, el momento del té, y con eso el descanso v el fintil del trtdttijo en ese día. El correctísimo v elegante m a y o r d o m o anunció á la princesa que estaba s e r v i d a ésta, levantándose, roga. ba a todos que la siguiesen hacia el comedor, y dli, una luesa cubierta de flores y de toda clase de golosinas, ofrecíase á la vista de los c o n c u r r e n t e s El s a m o v a r despedía vajjores c ue humedecían la itm ó s í e r a v kus tazas de té recién servido exhalaban a g r a d a b l e y r e c o n f o r t a n t e a r o m a L a princesa, con su bondadosa distinción, iba ofreciéndolas, llamando en su ayuda á los tres caballeros, ue discretamente teníanse á distancia. -S e ñ o r L u c k n o w ¿quiere usted ofrecer esta taza de té á la i) rincesa C rowzinska... Ztiwaiensky, ésta p a r a l a baronesa de M i r e s k y Pilouw. se lo ruego, á la rincesa Minakow... -y cada uno se precipitaba al cumplimiento de tan a g r a d a b l e misión. Tíxtátieo ív. an Pilouw, delante de la bella tirinccsita. ofrecíale con mano temblorosa la taza de te. que temblaba á su vez en el platillo, v sus ojos no sad) ían a p a r t a r s e de esa poética visión que le desl u m h r a b a l íra Ivan Pilouvv un m u c h a c h o de regular estatura, pálido, delgado, con pequeiño bigote rubio, oíos claros y soíiadores, que c o n t r a s t a b a n con irnos ies enormes y toscamente c a l z a d o s tenía m o (Lales de distinción e x a g e r a d a cpie rayaban en ridicula afectación, pero su aire e r a modesto, h u m i l de, V delante de la princesita aparecía tímido y desconcertado como un niño. Desde la p r i m e r a vez que la vio, su impresión fué vivísima de sorpresa y de loca admiración y m i e n t r a s fué t r a t á n d o l a y viéndola á diario, tal admiración se convirtió en e n t u siasmo, y poco á poco se apoderó de él la más t e rrible de las pasiones, que le e m b r i a g a b a y descorazonaba al mismo tiempo. L a m u j e r le enloquecía, la g r a n d a m a le intimidaba, su corazón latía desafor a d a m e n t e al pensar en ella, y, sin e m b a r g o hacía esfuerzos inauditos p a r a desechar ese imposible de su imaginación... S e g u í a n las reuniones de la J u n t a los t r a b a i o s iban sensiblemente adelantando, v las d a m a s y los escribientes rivalizaban en actividad vertiginosa p a r a llevarlos á buen término. Sólo Tvan, distraído á veces y absorto, quedábase embobado con la plu- í i ¡i