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NOTAS TAURINAS El perro Paco, golfo por los cuatro costados, y vividor enterado d e las ventajas de la oportunidad, se dejaba ver en cuantos sitios podía hallar alguna concesión fundada en su popularidad perruna. El inolvidable Ducazcal primero, V después los hermanos Galván, pusieron empeño en hacerse dueños del celebérrimo perro, y consiguieron por fin su deseo; pero hubieron de desis; tir de sus propósitos, pues Paco ni comía, ni bebía, ni cesaba de escandalizar mientras le tuvieron amarrado y sujeto en los respectivos domicilios. Era partidario de la libertad en su más amplia acepción, y tal libertad fué necesario concederle. Taurómacamente creció mas y mas la popularidad de Faco, que ya no se conformó con presenciar las corridas desde el g. Un día se lanzó al redondel y no hubo fuerzas humanas que le separasen de la res, á la que ladró, recortó y regateó, produciendo la alearía y el asombro de los espectadores, que llegaron á entusiasmarse con el bicho y á considerar su presencia en el redondel como cosa necesaria en las corridas. El gran Sentimientos le dedico una crónica en El Imparcial, y nada menos que La Lidia incluyó como nota saliente en su resumen del año 1882 al can, representado en una viñeta dibujada por Perea. Y cuenta que en t a l resumen s e registraban (entre otros sucesos emocionantes) las terribles cogidas de Cara- Ancha y Ángel Pastor. Más aún: en el quinto numero del mencionado año (primero de su publicación) decía en La Lidia aquel cultísimo escritor que se firmaba Alegrías, que el perro de referencia toreó mejor que los diestros que aquella tarde fueron José Machio, Manuel Hermosilla y Fernando Gómez (Gallito) Paco siguió adelante en sus aficiones tauromáquicas, y llegada la estación invernal, y con ella las novillay das con sus reses emboladas y sus funciones de fuegos artificiales, el celebérrimo perro tomaba parte importantísima en el espectáculo, ya sorteando á los morachos, ya bt tncando entre el continuo chisporroteo de los árboles pirotécnicos preparados por el maestro D Isidoro Hernández. A mediados de 1882 organizó una becerrada el gremio de vinateros, y principiada la función apareció en el redondel el perro Paco, que inmediatamente dedicó sus ladridos y sus contorsiones al añojo que había de estoquear Pepe el de Galápagos, años después D. José Rodríguez, concejal del Ayuntamiento madrileño. Una de las veces que el becerro arrancó sobre el perro, éste fué á dar contra el matador, que, perdido el equilibrio, rodó por la arena, mientras el buen Paco celebraba con alegres ladridos el haber escapado con ijíen del lance. El caído no perdonó el revolcón, y alzándose iracundo se fué sobre el popular can, introduciéndole el estoque por entre las costillas. ¡Pobre Paco! Lanzando lastimeros aullidos intentó en vano levantarse, hasta que en brazos le retiró de la candente a r e n a Joaquín Chillida, cabo de areneros en las plazas vieja y nueva, el cual puso de su parte todo cuanto se le ocurrió para que el perro curase. Todo inútil. El simpático Chillida, encariñado con el cari, lo hizo disecar, y el arrogante busto de Paco fué el principal adorno, durante mucho tiempo, de una taberna de la calle de Alcalá. Después rodó de uno en otro sitio, siempre erguido, arrogante siempre, como cuando desafiaba á los cornúpetos. Hasta su recuerdo se perdió cuando, pencando en la presente información, averiguamos que los restos de Paco obraban en peder del excelente amigo Rafael Sanjaume. Y perdone el lector si nos hemos extendido quizá demasiado en los apuntes biográficos de un miserable perro, quién sabe si con más justicia que la que muchas veces empleamos al tratar del historial de algunos toreros, menos valientes y menos aficionados que el un tiempo famoso perro Paco. EL B A R Q U E R O M: zantini, Guerrita, Fuentes y Algabeño. Es opinión de casi todos los que hablan de estas cosas, que mejor ha de quedar y más satisfecho ha de dejar al público el que. sobresalga por sus condiciones de torero que el que su fuerte esté en el estoque, y á esto habría que asentir, racionalmente, porque el mayor repertorio nos hace esperar menos monotonía; pero da la casualidad de poder contar lo contrario por aquello que hemos visto. No hay nadie que se atreva á negar las grandes dotes toreras de los dos mayores toreros que hemos conocido: Lagartijo y Guerrita. Es indudable que no se les puede comparar con ningún otro, y así lo han reconocido amigos y enemigos, lo mismo en los días afortunados que en los de desgracia. Con ser esto muy cierto, no lo es menos que cuando se han comprometido á torear solos una corrida, no han dejado satisfechos á los aficionados. De las varias veces que el primero se arrestó á tan dura prueba, fué raro el día que tuvo suerte. Casi en todas sus corridas de seis toros para él solo tuvo poca fortuna, aparte algún quitr ó par de banderillas, y no olvidaremor que cerró su historia con una en Ir que tales fueron sus desaciertos, qv la Guardia civil tuvo que acompañar le hasta la fonda para evitar que f tradujera en algún hecho desagradr ble la justa indignación de los espec todares. En cambio, Frascuelo, torero secf y entendido, pero menos vistoso, salic con gran lucimiento de dos empeños análogos en los años 1885 y 1887. Particularmente la segunda de estas corridas fué uno de los más grandes triunfos de aquel matador inconmensurable, é indudablemente la corrida con un espada solo en que más satisfecho ha quedado el público madrileño. Guerrita tuvo una temporada colosal el año 1894, en la que toreó y mató toda clase de toros con un arte y una valentía por nadie igualados después, y, para coronar aquellos éxitos, le preparó la empresa madrileña una corrida de seis Muruves, pequeños y sin respeto en la cabeza, que estoqueó solo en los primeros días de Julio. Pues bien, á excepción de la labor que hizo en banderillas al parear al quinto, lo demás fué todo vulgarísimo, sin saliente, y aquel excelente torero y muy buen matador de toros no hizo una faena completa, ni dio una estocada que no tuvfera defectos capitales. Oyó ovaciones, más bien otorgadas á la labor de la temporada que á las faenas del momento. Antonio Fuentes, que ya había probado y no pudo acabar, el día de San Pedro de I8 Q 8, por haberle cogido el tercero, de Biencinto. repitió cuando PRUEBAS D E RESISTENCIA I as corridas en que un matador solo estoquea seis toros, no pueden calificarse de otra cosa que de pruebas de resistencia; porque, generalmente, han de resultar monótonas y aburridas, al no existir la comparación, el contraste entre el trabajo de un espada y el de otro 11 otros que le acompañen. El haber toreado el joven matador de toros Bienvenida una corrida, con él propósito de dar muerte él solo á seis toros de Trespalacios el día 10 de Julio, nos induce á escribir unas líneas de consideraciones acerca de esta clase de fiestas, que no pueden tener otra finalidad que el mostrar un torero su poder, su resistencia para salir airoso en la ruda tarea de bregar con los toros durante dos horas, sin el más leve descanso, pues que siendo la figura principal de la función, ha de estar siempre en escena, haciendo que el público se fije en su labor y aquilate los méritos de cada lance, teniendo que ser éstos muchos y, á ser posible, variados. En Madrid recordamos haber visto en corridas así á Lagartijo, Frascuelo, Cara- Ancha, Ángel Pastor, Maz-