Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
AGUAS MINERALES g uíiiPRK he oído decir, y lo he comprobado también en diferentes ocasiones, que la humanidad tiene de piedra las entrañas. Deseoso de averiguar el por qué de este endurecimiento general donde están, seguramente, los gérmenes del melodrama, he llegado á sospechar que el consumo de las aguas minerales tiene la culpa de la lenta, pero continua, mineralización de la especie humana. No crean mis contemporáneos que les aludo directamente, m piensen tampoco que trato de reformar sus costumbres... Las aguas minerales son cuatro días más antiguas que el hombre, según puede comprobarse en el Génesis, bien que su verdadero aprovechamiento n o comenzara hasta algunos años después de la aparición de Adán sobre la tierra. Porque los manantiales salutíferos son obra de la Naturaleza, y, por lo tanto, gratuitos; pero los balnearios pertenecen á la sociedad, es decir, á los hombres ya civilizados y por eso cobran la bebida. Aquí resultaría muy saludable una pequeña disertación, no tanto filosófica cuanto económica para demostrar que las cosas no tienen más valor que el que nosotros las prestamos. Y no sería, en verdad, flojo argumento el contraste entre el desden con que los homb -es primitivos miraron esas fuentes de salud, y el entusiasmo que las dedica- ron sus sucesores al observar que se ponían de moda. Tal vez alguien asegure que aquéllos no las necesitaban, mas no faltará quien, á su vez, afirme que tampoco las necesitan muchos de los que á ellas acuden por necesidad. ¡No, no las necesitan! Y no me refiero especialmente á las aguas de valor indudable, sino á a iuellas otras de propiedades más generales, qtie son las de mayor consumo, tal vez porque á nada comprometen. Si fuera verdad que todos cuantos las toman las necesitaran, habría que convenir cnque la humanidad es un conjunto de piltrafas mas ó menos pensantes; jíorque, desde que em ieza hasta que termina la temporada oficial, todos los establecimientos están llenos de bípedos implumcs que se suceden en el disfrute de sus chorros. Sería oportuno convenir, asimismo, en que las aguas corrientes, las que bebemos todos con la asiduidad que nos permiten los Municipios esas aguas naturales, en el sentido natural de la palabra, son las más desnaturalizadas, aunque esto parezca una paradoja. Nadie suponga que trato de desacreditar la aguas minerales más acreditadas... Si al tomaras en nuestro propio domicilio ya pensamos en lo mucho ciue valen, cuando acudimos al suyo nos convencemos de sus virtudes. ¡Hay que ver el aspecto de los allí congregados! Entre el fipo del enfermo descnpto por la ciencia y por el arte y e de un agüista, citado en las crónicas de sociedad, media un abismo que no podría llenarse con el agua que consume... ¿Se deben, efectivamente, a los vasos ingeridos aquellos colores, aquel apetito, aquel buen humor constante y