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mmi En memn PAGINAS FEMENINAS CRÓNICA DE PARÍS MlftiCOLFS 20 DH JULIO. Y a llegó la hora del triunfo para la coquetería, porque no cabe duda de que su campo de acción es infinitamente más extenso en esta época. J. os encajes, las nuiselinas aqnareUées, el cres ón soycnsc, y toda clase de sedas vaijorosas aparecen bajo el aspecto niás tentadt) r, para demost r a r al bello sexo que su tonalidad suave y la souplesse de su tejido está creada para realzar los atractivos de la belleza ó para simularlos si n o existiesen. M u y elegantes los tiissors y shanfungs; algunos rayados ó estampados, en estilo japonés, son muy originales. También tienen aceptación, pero íuenos ue en años anteriores, los dibujos multicolores, recordando el brillante colorido de la toile de Jouy, pero esta fantasía sólo interviene en forma de adorno. La nota discreta y misteriosa, iniciada por los poéticos voilayes de gasa, bajo los cuales se ocultan chatoyantes brudcrics, y los caprichosos arabescos de los encajes de relieve, ha conquistado los honores del triunfo. Uno de los vestidos ciue más admiradoras ha tenido es de muselina malva rosada, sobre encaje blanco. Un monísimo jnstaucorp s de taffctas ligeramente bordado de plata, le imprime la nota de novedad (jue seduce en una deliciosa toilette estival. U n a combinación ue, si no es nueva, será siempre del mejor gusto, aparece con todo esplendor como soberana de la- estación; me refiero á la unión del blanco y negro en varias f rmas. M a r a villosamente bonito resulta un vestido de chantilly negro, sobre viso blanco nieve y cubierto de gasa marfil, incrustada con arte ex uisití) de l- alenciennes amarillento por el transcurso de los años. E n t r e los encajes, los i) referidos en este momento para traje de calle, S (MI los k alcHcicniics, solos ó en combinación con otros, aplicados á muselina ó toile de soie. Para quitar la nota vulgar á un vestido todo Illanco, ó para transfigurar u. no del año pasado, la fantasía de la moda, que no descansa, ha ideado una banda de gasa negra con un gran botón de en cada punta. Lo práctico es tan indispensable como las toilettes de grande allure, y la mujer elegante concede mucha importancia á ses rolettes, y realmente es más fácil vestirse bien cuando se va á una fiesta ó á una comida, Cjue de diario. C uando se trata de un vestido de lujo, se piensa detenidamente en la elección de la tela y de los a d o r n o s se consultan varios periódicos cíe modas y se escucha la opinión de la modista; pero á los vestidillos de mañana no se les conceden los mismos lionores, y es un error lamentable. Cuando es preciso estar bien arreglada, y lo más atractiva posible, es... en todos los momentos de la vida, y como son más los que se pasan con una rolette sencilla, que los que se está vestida en grande toi- lette, de ahí que las elegantes hagan un detenido estudio de las primeras. U n modelo bonito es de tussor de hilo crudo, incrustado de encaje de Irlanda con una faja alta de Liberty blanca. CONDESA D ARMONVILLE. EL MANIQUÍ p ntre los innumerables oficios citie existen en Larís hay uno que es el sueño dorado de todas las muchachitas que tienen buena figura y son bonitas. lil trabajo es insignificante- -dicen ellas; -el jornal es regular y, ¡debe de ser tan agradable verse bien vestida! Se refieren al oficio de maniquí. Kn todas las grandes casas de confección tienen varios, ue eligen entre las abreras que reúnen las mayores condiciones de estatura, esbeltez, belleza y distinción. Su misión es exhibir las i) rimeras creaciones y sostener la reputación del modisto á la altura conquistada en años anteriores. El día del Grand Pri. v ó del Grand Steeple son los elegidos ara lanzar las modas de la estación. Los vestidos han sido dibujados y liechos bajo la inspiración del jefe, ue con verdadera emoción da el visto bueno á los manic uíes en el riiomento de salir. P a r a el modisto son a tiellos instantes de verdadera angustia, de incertidumbre cruel, b stá como el artista que envía su cuadro á la I xijosición y se (jueda esi) eran (lo el fallo del J urado. 1 as muchachas salen locas de contento; saben ue por unas horas van á ser el objeto de todas las conversaciones, que á sti paso todo el mundo se volverá á mirarlas y ue un murmullo de admiración llenará el es acio. Las modistas las esperan con el lái iz en la mano para copiar el vuelo, lo más notable de sus vestidos, y los fotógrafos las enfocan á cada cuatro asos para reproducir sus figuras durante una semana en centenares de periódicos. Sólo alguna señora suele decir con desd é n ¡Q u é flacucha es aíjuella! Y esto precisamente es lo íiuc más halaga al maniquí: que las mujeres le encuentren defectos. liste es el gran encanto qtie tiene el oficio para las muchachitas francesas; i: ero luego aparece la realidad de la vida, cjue corre sin descanso detrás de las ilusiones, y los pobres maniquíes se encuentran al día siguiente de aquel en que obttivieron tantos triunfos, reutiidas en un cttarto, con el viso de raso negro que les deja descubiertos el cuello y los brazos, sentadas en unas sillas nada cómodas, comentando las emociones de la víspera, mientras esperan á c ue las llamen para ponerse el vestido que la cliente desea ver. O t r a de las espinas que tiene este oficio suele ser que entre ellas no reina la mejor armonía, y tienen que soportarse durante ocho horas diarias