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ASO XX MAT IÍTn. 24 rJL 3 J U M O DK 1310 Nr r i.oo í UN QUEMAO I p L PJNAH Había calmado d poiiifiiiL y las llamas se cÍevah: iTi cií la cnmbrc del Ktalóii liosas erguidas, cual í preiendícran escalar el t s t r t llaíl i cielo. La colosal luiiíiicra? c babia ¡lio añ andandfj y las r o j i í s í llainararlas f iie broiaban de lo que ÍIK: basta enioiices n aj: nítico pinar alumbraban el pni. -i j ecillo, lUC. buudido d i 1 fonilíi ilel valle, parecía agarrarse á Inft pt üascí de la ladera, connk M ijniíi ¡cr: i irepar basia bi ciiim para contemplar el fauíásiicci espectáculo i Ue ik Mle iilli st duminaba. Estábamos á más de clos leguas de lisiaiicia y la luz i ue despedían ai udlo millares de pinos que ardían, aquellos milla- res de vidas que iban á desaparecer para siempre, nos alumbraba con su vivo fulpor, (Jué lnniito, verdad? -me dijo de pronio el tío CarkhCahoi andü un suspiro dolorn. su. -Entre los biCIKJH y los bfstías. acabaremos pnr no ptkder vivir... Al res andor dt- la hos dc iacaban con rudeza las enért- icas facciones del viejo. Sus espesas ceia A bbmquorinas se fruncían como en un arrebato de ira y íus oiillos Rri es miraban con odio Lis Ibimas bnlTaiites v la deii a bumarcda íjue manchaba el cielo. Temblaba su labio inferior, bel o y de? cülorido, y sus manos crispadas y todo su cuerpo, arrui anic A