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SALVADORILLO CAIA ADÜRILLO era un chicuelo de trece años, feo h a s t a la exageración, y t a n avispado y suspicaz de ingenio, coino escurrido 3 desmedrado de físico. E r a hijo de uno de los carabineros destinados en Punta Umbría, esa hermosa playa separada de Iluelva i) or un trozo de mar, y vivía en aquel pequeño y arenoso desierto libre y alegre, como los l) ájaros de la marisma. FM verano, y cuando los ingleses de Riotinto pasaban en Punta Umbría el caluroso Agosto, nuestro héroe, erigido por obra y gracia de su soberano ingenio en hazmerreír de los rubiales, como él los llamaba, presidía los juegos de los chicos y hasta tomaba parte en los esparcimientos de los mayores, y de este modo, burla burlando, hacía él también su Agosto, entre agasajos y propinas. Y eso que á las propinas no daba Salvadorillo gran importancia. P a r a él, sólo había en el m u n d o dos cosas que justificaran la pena de vivir en él: el vino y los dulces; sobre todo, los dulces. P o r una copa de Jerez daba nuestro mozo tres vueltas en el aire sin pisar t i e r r a pero por un pastel, aunque fuera de hojas, era capaz de todos los imposibles. N o obstante la pequeña distancia que media entre Huelva y P u n t a Umbría, Salvadorillo no había logrado poner sus pies en la capital. Su padre no había podido llevarle, por impedírselo el servicio que desempeñaba, y si alguna vez pretendió el chicuelo ir á la ciudad, acompañado por tal ó cual amigo, se opuso, y con razón, el autor de sus días, que conociendo sobradamente los puntos que el chico calzaba, temía que algún desahogado le hiciera beber más de la cuenta, para reír luego con sus graciosos dichos y con sus no menos graciosas hechurías. Ni cj ue decir tiene que estas continuadas prohibiciones aumentaron de tal modo los vivos deseos de Salvadorillo, que la idea de ir á Huelva llegó á constituir en él una verdadera obsesión. Y no quería ir á Huelva para ver el ferrocarril, ni los muelles gigantescos, ni aun siquiera los automóviles, de los que oía hacer tan lindos comentarios nada de eso; deseaba ir á Huelva para ver... una confitería. Eso de pensar que había determinados locales donde se exhibían al público cientos de pasteles y golosinas de todas clases, le volvía loco. -Ahí es nada- -decía él. ¡Poder entrar y... jincharse... Y como cuando menos se piensa salta la licl 3 rc, saltó ésta para Salvadorillo, en forma de capitán de Carabineros, una hermosísima tarde de Mayo. El capitán) varios de sus amigos arribaron á P u n t a Umbría con el objeto de merendar en ia playa, y como llegaron hasta allí á fuerza de remos, con ánimos de regresar en el vaporcillo de las m i r a s y había éste, de conducir á remolque hasta Pluelva la barc: que los había transportado, decidieron buscar r. n chicuelo para que manejando el timón de b misma la hiciese secundar los virajes