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En el templo á Jesús abrí mi pecho, y Jesús, que veía mi corazón en lágrimas deshecho, con voz tan plañidera cj: Ue á claridad de luna trascendía, desde su cruz me habló de esta manera M o r t a l mira mi frente con agudas espinas lacerada, porque tuve la mente al amor de los hombres consagrada. Mortal, mira mis manos, L- s dos heridas con sangrientas huellas porque, lleno de amor á los humanos, Ifigrimas tristes enjugué con ellas. I Iortal, mira mis pies, ambos heridos, y de mi cruz clavados al madero, porque de amor y de oiedad movidos de la virtud cruzaron vi sendero. Mortal, mira mi pecho lanceado sin más delito que el de haber amado. Mortal, mira mi sangre, que no clama venganzas, ni castigos, ni rencores, y que gota tras gota se derrama como fuente purísima de amores. N o hay en mi parte alguna dedicada á pi LCticar el bien que se halle ilesa, que en ellas con más furia hizo su orcsa la maldad de los hombres despiadada; pero mi alma, más tierna y delicada desde que está con el dolor ungida es tan benigna cual la madre tierra, que brinda por su herida el rico fruto que su seno encierra V con su savia al labrador convida, t o r ser de la injusticia ejemplo vivo soy gran consolador de la injusticia; la iracundia, el encono, la sevicia encuentran en mi sangre lenitivo. Si la calumnia contra ti levanta su látigo inclemente, y tu honra afrenta y tu salud quelirnnta, y gime al fin con desventura tanta tu corazón doliente, ven á mí, que la sangre de mi pecho, de mis pies, de mi frente y de mis manos te dejarán sereno y satisfecho ante el bronco rugir de tus hermano. lY no tan sólo á ti, sino al precito. al que oculta en su alma al. gún delito; si á mis plantas postrado mi gracia pretendiera, sin duda se la diera con más piedad que á ti, que eres honrado. Yo n o soy justo, que eso es cosa h u m a n a las gracias y las penas, de escrupulosas equidades llenas, á mi grandeza son labor liviana; mi alma en misericordia se desgrana, sobre las gentes malas y las buenas, en lluvia universal y soberana. Mi amor es u n a fuente que su agua fluye llena de contento, y más que al que se sacia en su corriente ella saciada queda cuando siente que mitiga la sed de algún sediento. Mi amor es aquel árbol resinoso de bondad santa y de excelencia suma, (jue al leñador, en tanto que le abruma con sus golpes, da sombra generoso y al hacha que le hiere la perfuma. Mi amor es la paloma cuando herida cae sobre la tierra desplomada. y luego, al ser cogida por el que la ha privado de la vida, le da sin odio la postrer mirada. Mi amor sólo la madre lo comprende cuando su hijo al nacer sus carnes hiende, y apenas se ve libre de su peso en sus brazos le prende, y el mal que la hizo paga con un beso. Mi amor es la alegría de infuridírla á los demás, y el gozo de sentirla que nace en mí de la intención de darla, y dada ya, de nuevo recibirla tan sólo con mirarla en aquel á quien pude transmitirla. N o hay pueblo que no tenga un dios grandioso: la luna, el sol, el mar, la luz, la estrella; mas yo, el Dios verdadero y portentoso, no soy quien soy por sabio y poderoso, ni porque luz divina en mí destella, que soy lo más hermoso entre lo hermoso por ser la encarnación de un alma bella. K rAíL T O R R Ó M E