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preferencia de regadera, y si no fuese posible, reemplazarla con una esDonja, pasada con rapidez. Luego debe friccionarse con una manopla de crin, para provocar la reacción, y después permanecer algunos minutos en un cuarto templado, según la estación. Siguiendo estos consejos, mis lectoras se quedarán tan esbeltas como una palmera. sar dos ó tres meses en el sitio elegido, sino que las excursiones se suceden sin interrupción, resulta de gran utilidad un librito de papier pondré. Antes de llegar al término del viaje se frota la cara con una de sus hojas, que absorbe el polvo y da al cutis una suavidad y una blancura deliciosa. eneralmente existe la costumbre de regalar á la persona que emprende un viaje flores ó bombones. Ambas cosas tienen sus inconvenientes: las primeras se estropean, causando una verdadera pena verlas morir sin poder revivirlas con un poco de agua, y los segundos producen una sed insoportable. ¿Y qué vamos á regalar á nuestras amigas? exclamarán algunos. Una cosa muy agradable y que seguramente agradecerán mucho. Les petites gouttes glacées, que son deliciosas. Tienen la forma y el tamaño (le una fresa grande: están encerradas en un cuadrado de estaño retorcido en los extremos, como los papeles de seda que envuelven las naranjas, de modo que absolutamente penetre el aire para que no se deshielen. Se hacen con esencia de frutas. p ntre los muchos inconvenientes que tiene el sol en verano, uno de los mayores es que obscurece las manos, aunque no se esté ni un momento al aire sin guantes. Para evitarlo hay un medio muy sencillo. Siempre que se vuelva de la calle, frotarse suavemente las manos con polvos de greda blanca, humedeciéndolos primero, y luego aclararlas con agua y vinagre, á partes iguales. Si el sol, penetrando á través de los guantes, ha tostado ligeramente la piel, siendo constante con este tratamiento se conservarán las manos blancas como la nieve, porque la greda y el vinagre contrarrestan los estragos del aire y del sol. DE TIENDAS Mo todo el mundo puede proporcionarse el gusto de amueblar su casa regiamente, pero sí es fácil armonizar lo elegante con lo modesto. Una planta cuyo tiesto se envuelva sencillamente en una tela antigua, colocado en un rincón; un ramo de rosas dentro de un vaso de cristal puesto sobre la mesa, y varios almohadones para que la chaisc lonc ue resulte cómoda, imprimen un cachct especial al cuarto más insignificante. I I na de las cosas más difíciles de conseguir es colocar aparatos de luz eléctrica sobre la mesa de comer, sin que los flexibles se vean. Esta dificultad ha desaparecido con el mantel eléctrico. Es un adelanto tan ingenioso como útil. Se coloca debajo del mantel blanco, que debe de tener unos ojales que coincidan con ios candelabros y con los pequeños bracitos que se esconden entre las flores, para que estén en contacto, produciendo la luz sin necesidad de flexibles. Y n estos momentos que todo el mundo se va en busca del fresco que Madrid nos niega, y ahora que el veraneo no es como antes, que se reducía á pa- r 7i k í t I h Comedor senoillo y de bnen gusto, estilo inglés moderno.