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sorpresa, susto y una no probada emoción hondí. instintiva. Malarma se acercó iiiás y más, sin medir ya sus movimientos, como llevado. Su cabeza pareció menos amenazadora al acercarse á. mirar- carita rosada que aureolaban los ricillps de 1 jró fluido. Entonces, con gesto inconsciente- -ó... Malarma, jue el odio había desecado, rodó una ola grande, grande, que crecía y engrosaba, hinchándole el pecho con estertorosos hervores de torrente, y la ola reventó en sollozos, saltó en lágrimas, ¡las primeras! La niña hundió sus manitas gordezuelas en la dura pelambre del viejo í Éájsfjigmr KT m áJ i V TV I í m t f i quién sabe! -la nena tendió los bracitos á la cabezota greñuda que se le. amansÓ n rendimiento involuntario; y en la bocaza tenebrosa que sólo blasfemar sabia, plateando el humo hediondo del cigarro pegado al viscoso belfo colgante, brilló súbita. una. luz clara y tibia, que no era la luz del sol, caía ae mas aito. Por las entrañas negras de lobo, y asiendo con fruición sendos puñados de las grisáceas greñas, tiró de ellas con impotentes bríos, chillando con júbilo triunfal. En efecto, había vencido. El viejo alzó la cérea faz barbuda, que resplandecía bañada en llanto y en lumbres interiores. Malarma estaba domado: amaba, lloraba, j ya era de Dios! BLANCA D t LOS RÍOS DE L A M P E R E Z Dibujas de Méndez Bring