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f líiEsA RLVU LTA rezaba el contrato, al ver que la víspera del día en que debía entregarse el edificio sólo estaban terminados los íimientós. El día en que terminaba el plazo, Mr. Chaffe se apareció con una cuadrilla de 190 trabajadores, empezando la obra á las ocho de la rnañana. A las seis de la tarde estaba completamente terminado el edificio, con as campa as colocadas en el campalario y u instalación eléctrica completa, celebrándpse servicios religiosos en ella aquella misma noche. El edificio tiene 64 pies de largo por 24 de ancho, y dicen los que lo i: an visto que es una obra perfecta. Mr. Chaf fe ha recibido muchos te egramas de i licitación por la activi. lad que ha anifestado, y una gran ompañía cOKStruí. ora d e N u e v a York le ha hecho proposiciones para lue- tome á su cargo la supervigilan: ia de las obras de la compañía, con m sueldo de 50.000 dollars anuales. k- kic CANTAR ILUSTRADO examina su color, parte en rápida carrera y gozoso y anhelante llega al quicio de la puerta. -Estése usted quieta- -dice, abuela, estése usted quieta. Y en la albura de! cabello colocó la rosa aquella. Desgranó el niño en el aire cristalina risa fresca, y á las risas del muchacho sus risas unió la abuela. Qué cosas tienen los niños, qué graciosas componendas, ¡querer unir al invierno el sol de la primavera! E. MARTlNeZ- COBALEU CHISTES LA PRUEBA ANÉCDOTAS EL SALUDO gaseábase una tarde Voltaire con uno de sus amigos, cuando pasó m sacerdote con su séquito condu; iendo el Santo Viático. Voltaire se quitó respetuosamente el sombrero, y el amigo le dijo con asombro: ¿Cómo... ¿Os habéis reconciliado con Dios? -Nos saludamos, pero no nos hablamos- -contestó Voltaire. PADRES Y TÍOS Con esos pies, que parecen dos almendras de Alcalá, vas empedrando la calle de terroncitos de sal. p n un reconocimiento de q u i n t o s alegó uno de ellos que era miope. ¿Y cómo me lo probará usted? -le preguntó un médico. -M u y fácilmente... ¿Ve u s t e d aquel pájaro que hay pintado en el techo? -Si. -Pues mire usted... ¡Yo no lo veo RENGLONES CORTOS ¡QUE C O S 4 S T J E N E N LOS NIÑOS 3 p staba Bu fin con varias- personas en el campo, y una señorita le jregüntó la diferencia entre un toro r un buey. F i j a o s bien, señorita- -repuso el célebre naturalista. ¿Veis esos novillos... Pues los toros son sus padres y los bueyes sus tíos. EL S TIO 1 ba á entrar Pirón en, el salón de un gran señor á tiempo que él acompañaba á h. puerta á uno de su clase que se retiraba. Este se detuvo un momento por cortesía; pero el dueño de la casa le dijo: -Pasad, señor duque... No es más que un poeta. -Puesto que ya sabemos quiénes somos- -replicó Pirón- -ocuparé mi sitio. Y pasó el primero. LAS FLORES f ierta actriz so presentó en escena, en pleno invierno, con un traje adorn. ido con flores naturales. ¡Dios mío! -dijo al verla la célebre Sofía Árnould. -j Parece un inverníidero! A la puerta de la casa, que va á dar sobre la huerta, se destaca la figura venerable de la abuela. Tiene blancos los cabellos como nieve de la sierra, y arrugadas las mejillas y temblores en las piernas. En el huerto juega el nieto con el agua, que, serena, se desliza cantarína y se arrulla ent- e la hierba y es espejo incomparable de las flores de una adelfa que se mira coquetona con sus flores entreabiertas. Una. banda de jilgueros entre trinos palmotean, persiguiendo en: morados los amores de las h m b r a s Y entre el fruto sazonado y oloroso que recrea, brotan blancas campanillas, crecen puras azucenas, nacen rojos clavelones. trepadoras madreselvas, y rosales perfumados y geranios y violetas. Y hay un mozo campesino que, con voz viril y llena, va cantando tristemente las negruras de una pena. Mas de pronto cesa el juego. Deja el niño el agua queda, y arrancando de un rosa una rosa como seda, FRANQUEZA ANTE T O D O ¿Cuándo te parece que podemos casarnos? -No sé qué decirte. A mí todavía me queda dinero para pasar seis meses. EL E J i M P L O f n zapatero de portal suspendió un momento su tarea y se puso á mirar á la calle con mucha atención. ¿Qué mira usted? -le preguntaron. ¿Qué miro? ¡A ese que va hai ciendo eses á cada paso! Y qué?