Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LA COMPASIÓN 1 legaba la primavera al fin, cubriendo los campos de luz y de colores. El invierno había sido largo, y como consecuencia de ello, muy escasos los paseos de la gente menuda por el campo. Así es que cuando el bondadoso preceptor anunció á Luisita y Pepito que aquella tarde harían una excursión por las huertas vecinas, el júbilo de los niños no tuvo límites; brincaron de alegría y entusiasmo, besaron la mano al preceptor y salieron disparados como cohetes en busca de su madre, para que les vistiese el traje de paseo. Terminados de arreglar, dióles á cada uno un beso, que ellos devolvieron, y alegres y gozosos fueron á reunirse con el preceptor, que los aguardaba con el breviario en la mano. -Y bien, hijos míos- -díjoles cuando habieron llegado cerca de él. ¿Dónde queréis ir? fc -i Por aquí, padre; por la vereda! Acudieron el preceptor y Pepito al sitio indicado, y hallaron postrada en el suelo, junto al borde de una acequia, á una pobre mujer extenuada por el hambre y el cansancio. En los brazos tenía una criatura pequeñita, que sonreía con sin igual inocencia y ternura. Al llegar el preceptor, díjole con voz apenas preceptible: ¡Alabado sea Dios! ¡Tengo hambre! ¡Socorredme, que Dios os lo premiará... i El preceptor le dio una moneda, y dijo, dirigiéndose á los niños: -Vamos, y que Dios se compadezca de ella- -y continuaron el paseo. Pepito corría de un lado á otro, saltando las zanjas, tirando piedras á los pajarillos y persiguiendo á las mariposas. El preceptor leía el breviario en alta voz. Luisita, triste, caminaba lentamente. -Padre- -dijole al preceptor. ¿Tendrá mucha, mucha hambre? -Sí, hija mía. Acaso no haya comido hoy. ¿Y se morirá allí, en la acequia? -No, hija mía. Dios sabe acudir á las mayores necesidades y remediará de algún modo la situación de esa desgraciada. Continuará. á: m -A la huerta del tío Matías- -dijo Luisita brincando de contento. -No, no- -agregó Pepito. -Mejor es que vayamos á los molinos de Gaspar. -Lo mejor es que el pa: dre nos lleve donde quiera- -interrumpió con viveza Luisita. -Bueno; pero tiene que contarnos cosas bonitas- -dijo Pepito. A lo cual contestó el preceptor: -Como queráis, hijos míos. Veo que sois obedientes y razonables, y esto me halaga mucho. Os llevaré... al cortijo de las palomas... -Eso es, eso es- -replicó Luisita cogiéndose del brazo del preceptor. ¿Les echaremos pan á los peces de la alberca? preguntó Pepito. -Todo lo que queráis, con tal de no com. eter imprudencias... De este modo continuaron charlando de mil cosas distintas. Al llegar á un recodo del camino creyeron escuchar como quejidos de una mujer. Luisita separóse del camino, y al cabo de un momento se la oía gritar; LOS ALBARJCOQUES CONTINUACIÓN 1 JAVIER. FILOMENA, JAVIER. FILOMENA. JAVIER. FILOMENA. JAVIER. FILOMENA. JAVIER. FILOMENA. JAVIES. FILOMENA. JAVIER. FILOMENA. JAVIER. i Ea! Calle y no moleste la socia. (Se acerca á la tapia. Ven aquí y mira. ¡Qué! ¡Mira qué albaricoques! ¿Has visto en toda tu vida cosa mejor? No: son super... i Ole en el mundo mi niña! Iba á decir superiores, y tú... Ni una palabrita más. Son eso que tú has dicho: Súper! ¡Dale! ¡Qué manía! Pero déjate de trúminos y vamos al grano. Diga: ¿No la parece que habiendo una cosecha magnífica en el árbol del vecino, nada le sucedería porque cogiéramos ruaos cuantos. ¿Tú te atreverías á una cosa así? fC asombro. ¿Te espantas? Pues por poco te acoquinas. Si nuestro padre supiera... Como tú no se lo digas, no sé por dónde- él ni nadie en el mundo lo sabría. Es que aunque no lo supiera nadie... Calla, y no seas lila. Tú no entiendes de estas cosas. Lo malo es que está tan lisa esta tapia, que no hay modo