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-Czmipiiigg niarole, encendióse su cólera ante el nuevo desliz, salió de estampía, co ió á Napoleón por el pesaiezo, subió á cubierta y, sin que nadie pudiera impedirlo, lo tiró al ap: ua. Corrimos todos, pero ya era t a r d e soiilal) an linas leves ventolinas y el barco con todo iu aparejo se deslizaba apenan sobre el mar bruñidoNapoleón, en el agua, vaciló un instante, pero con instinto certero comprendió en seguida tjue su úniea salvación estaba a l ordo, y dando media vnclla, nadó desesperado, nadó con ansia loca, eu la revuelta superficie de la estela del barco, que se le escapaba, que linia... i Quién podrá describiros nuestro i? ¿Quién logrará exjiresaros la indecible imargura de ar 4 Ucllos ojos vcrdt s ¡wc iitden prolección, sin encontrar la mano eompa iva que los acorra... En nuestra cámara se armó la gord; t; alftiúfn, poco prudente, interpeló al autor con dcsiem U das oces; ¡Mala entraña. I ¡Asesino... I- -Si hubierais educado mejor á vuestro protegido, viviría á csta horac Contraía el terror sus ojos verdea, tan grandes y expresivos: movíanse, aíanusas, su ¿mónitas blancas; na laba. nadaba más y más persiguiendo la popa, sin alcanzarla nunca, El oficial de guardia pidió permiso Í I comandante para arriar un l üte que recoaiern al u; Wifrago, pero e l aquel momento se levítnto una nube negra, el chubasco sopló con vioienciu. se metieron á escape las velas altas, ¿e aventaron las escotas de las mayores, y el barco íalió ecbar. do demonios, corriendo cr: mo potro desboc; tdo sobre ia mar sombría. Nupoleón ác quedó allá, muy lejoi; lo perdimos de vista, se ahogó sin du la alguna. ¡Si á todos les mal edtirrEdoi Ins liínr n al at ua, á e? ias hora- también estaríamos ba ur. t; anchos á bordo. Las palabras, enredándose unas con otras, produjeron muy tn: itef con: ecuvuelas. V va sabéis prir qué tiemblo de frío al comaros mi historia que es lal vez pueril y anodni. i. Aquella angustia de los ojos verdes, aquelln ansia suprema de un indefenso ser qne iraia de aí: arrarse á la vida- no sc me olvLiUrán en nui cho tiempo. ¡Pobre Napoleón! j SÍ él hubiera sabido que la vida es para casi lodos los moríale un triste regalo... í