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mmi ER memn PAGINAS FEMENINAS 1 K f! CRÓNICA D E PARÍS VIERNES 1 7 DE JUNIO 1 a moda de este año es de las más criticadas, como lo prueban las constantes anécdotas y caricaturas que se inspiran en ella. Hasta ahora ha tenid o m a s detractores que adictos, y, sin embargo, la caprichosa tirana ha impuesto su voluntad, obligando, aun á los más sublevados, á somet e r s e acatando sus deseos. Decididamente, durante todo e 1 verano imperarán 1 a s faldas estrechas por abaj o; p e r o tan estrechas, que impiden andar de prisa y dificultan eno r m e mente subir una escalera, siendo indispensable a n dar con pasito corto, como las japonesas, imposibilitando los movimientos sueltos, a h o r a q u e los sports están en su apogeo. Que nuestras t a t a r abuelas se encerrasen en aquellos vestidos de medio paso, se comprende, porque sus costumbres no exigían comodidad para moverse. Iban á oir misa á la iglesia más próxima, y el resto del día lo pasaban en su casa ocupadas en sus labores, con excepción de seis ó siete veces en el año, que salían para hacer visitas. P e r o hoy, que se vive á la inglesa, saliendo á todas horas, recorriendo la ciudad de extremo á extremo con paso no rápido, sino vertiginoso, que se patina y se juega al tennis, no se concibe que se adopte una moda tan en contra de las necesidades actuales. La tira lisa que recogía el vuelo de la falda ha decaído un poco. Los árbi tros de la elegancia han ideado algo mejor. Dando una v u e l t a por Longchamos ó Puteaux los días TRAJE DE MAÑANA Hechura de sastre. Tela gris, de iantasla, con vueltas de seda. Fot. Reutiinger. de moda, se ven las más originales toilettes de seda, gasa ó fulard, resservées la mayor parte por cinco ó seis volantitos en forma. L a invención n o llena su objeto, porque disimula la falta de vuelo, dando á la f a 1 d a cierto aire de amplitud, y hace inexplicable que 1 a s encantadoras mondaines anden saltando como un pajarito herido. Si desde este punto de vista la moda tiene inconvenientes, desde otro tiene sus encantos. Una figura alta, esbelta, pecando de delgada, con b o n i t o p i e irreprochablemente calzado y, por supuesto, con una cabecita bien colocada sobre un cuello largo y flexible, estará ideal ataviada á la última moda, luciendo un vestido de cachemire de soie negro, de una pieza, ligeramente escotado, con una M a r i e Antoinette de point a l aiguille, y mangas l a r g a s muy estrechas. Realmente, parecerá una evocación de fines del siglo xviii ó una figura arrancada de un cuadro de la corte de Carlos IV, digna de nuestra admiración... pero que no se mueva. El taffetas changeant, que tiene la misma souplesse que el liberty, hace la competencia al crespón de seda. Un vestido de este género, combinando los colores verdes y azul, combinación que, si no es nueva, es siempre elegante, resulta muy bonito. La falda, fruncida en la cint u r a sobre un delicioso cuerpo de encaje, cubierto de gasa verde. Un ligero bordado del mismo verde la une al cuerpo, y, naturalmente, un bord a d o análogo rodeará el final de la falda. Un taiUeur de tejido inglés á cuadros blancos y negros, adornado con cue