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LOS T O R O S sólo había tomado dos varas, y de sus facultades puede dar idea el hecho de que dio el salto sin tomar carrera. Los espectadores h u y e r o n despavoridos, abandonando cuanto tenían á mano y no pocas prendas de vestir. El toro, como si se complaciese en el espectáculo, pasó del tendido á la grada, recorriéndola con igual facilidad que si se paseara por las llanuras de la dehesa, y continuó su paseo, y ya estaba cerca del tendido 5, que, como el 4, había quedado limpio d e espectadores, cuando Roaue Miranda, asistido por uno de sus banderilleros apodado el Tinoso, fuese con muleta y estoque en busca de Arisco, y demostrando una vez más su serenidad y su pericia le dio muerte entre el general asombro. Lo más extraordinario del caso que relata- volvió de la grada al tendido 4, después de desocupar rápida y completamente aquellas localidades. Los voluntarios realistas que en la plaza prestaban servicio de orden durante la corrida habían acudido al sitio de la ocurrencia, y dando una prueba de valor se dispusieron á detener al toro con sus sables y sus bayonetas. Cierto es c ue no podían hacer otra cosa, pues el intento de matarlo á tiro: en aquellas circunstancias hubiese podido ocasionar gran número de desgracias. El toro, sin hacer caso de los voluntarios, mos consiste en que, á pesar de la tremenda alarma que ocasionó la hazaña de Arisco, no ocurrieron entre el público desgracias graves. Hubo, sí, sustos, carreras, atropellos, desmayos, y prendas de vestir destro. -a, das en cantidad incalculable, pero las vidas quedaron incólumes. Roque Miranda aumentó con aquel hecho las simpatías de que ya disfrutaba, y durante mucho tiempo se habló del suceso de Aranjuez, de sus incidentes y de la terminación satisfactoria que tuvo. P. P. CHANELA. IWBUJOS BE MEDINA VERA