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5 o TNF. S. JULIO. T. Efi. J ULIO. KS. JULIO. LNÍES. Jui. io. T. VE. S. JULIO. INK. S. JULK) I ES. JULIO. L- íiis. Jl I. TO. IXES. JULIO. l. NLS. JULIO. TEODORA. (Pijándose en la caja. j Ab! Contemplabas la c a j a? La cajita m i s t e r i o s a Y a me ha contado tu h. ermaiia, V, á i) ro) ósito, y T e o d o r a? Se m a r c h ó muy enfadada conmigo. ¿P u e s qué la has hecho? X a d a Decirla que estaba r a b i a n d o i) or salicr todo lo uc la caiita g u a r d a V oponerme á ¡ue la abriese. Hiciste bien. Cuando os m a n d a el alnielito u n a cosa... b i T o! ¡P e r o es tan e x t r a ñ a la cosa! ¿X o te parece? i P u e s ya lo creo I Vluv r a r a I Yo te soy franco. Com rcndo lo que á T e o d o r a le iiasa. ¿T ú también? Y o n u n c a be sidn c u r i o s o ero esa caja, la verdad, me está t e n t a n d o ¡J u ü o por Dios! N o la a l i r a s lo n o t a r í a el al uelo, pues no sabrías c e r r a r l a como está. Di ue no quiero pero i) or cuestión de m a ñ a no (piedarla. o (ludo de ue la tienes, m a s basia que sea cosa proliibida p a r a que tú te a z o r a r a s y n o su ieras. Tú piensa, que no soy va. liente? aya! que al llegar el c a s o Sabes uc me están e n t r a n d o g a n a s de abrirla, p a í ue veas si tengo v a l o r? ¡No. aparta! D i r í a s luego que tuve yo la culpa. Soy O un m a n d r i a p a r a echar la culpa á r. adie cuando no la tiene? Nada, lo m e j o r es no h a b l a r de ello. A h o r a que no está mi h e r m a n a que todo lo c h a r l a r í a (Se acerca á la caja. vas á ver. i (Asoma la cabeza por h ¡puerta. I bjabrá c a n a l l a? ConUnnará. parroquial. I b a n los dos r a p a c e s a r m a d o s de u n a varilla de a l a m b r e y, sin saludarse siquiera, puesto que no se conocían, c o m e n z a r o n su t a r e a Se paseaban de uno en otro lado con los ojos clavados en el cielo. Veíanle azul y salpicado de termes y pe ueñas n u b e cillas blancas. El sol, ya p r ó x i m o á esconderse t r a s las d e n t a d a s cumbres de la c e r c a n a sierra, ponía en la t o r r e sus postrimeros y á u r e o s besos, y la esfera del reloj refulgía como un foco de plateada luz. R e p e n t i n a m e n t e oíanse chillidos de aves y un bando de vencejos cruzaba el aire con rápidos giros, encaminándose á sus nidos, situados en las h e n d e d u r a s de las s a g r a d a s i) iedras. líntonces, S a n t i a g o y M a r t í n esg r i m í a n las varillas y allá iban éstas cimbreándose or el aire. V a r i a s veces habían repetido esta operación cuando lüb ¡lu cúli. l o g r a r o n p e n e t r a r entre las a p r e t a- RELATOS DE CAZA A RIO R E V U E L T O I I n a h o r a antes del crepúsculo, cuando y a las calles del pueblecillo comenzaban á sumirse en u n a m i s tica p e n u n m b r a S a n t i a g o y M a r i i n saliendo por distintos caminos de sus casas, vi: J ron á e n c o n t r a r s e en la plazoleta, llena de robustas acacias y de rústicos bancos de piedra, que se extendía ante la iglesia das filas de un escuadrón U n pobre vencejo cayó m o r i b u n d o al suelo y los cazadores, apenas lo vieron en él, se lanzaron á recogerlo. Aquí fué T r o y a porque los dos sostenían con g r a n copia de razones que habían sido los m a t a d o r e s de la d e s v e n t u r a d a avecilla y, por lo tanto, alegaban derecho sobre su cuerpo. Las vocecillas infantiles fueron subiendo paulatinamente de diapasón y ya, como vieran que con el a r doroso r a z o n a r nada conseguían, apelaron á los puños, al derecho primitivo del m á s fuerte. P r i m e r o se m a n t u v i e r o n de pie, fuertemente abrazados, limitándose su lucha á estrujarse el uno c o n t r a el otro. N o de o t r a suerte riñen los oseznos por un pedazo de dulcísima colmena. Al fin r o d a r o n por el suelo sin desasirse y sin dejar de injuriarse. U n nuevo personai- llegó entonces á la p l a z u e l a e r a un truhancillo lleno de harapos. Con u n a m i r a d a se enteró de lo que sucedía, y, viendo el vencejo a b a n d o n a d o lo cogió y desapareció. -A río r e v u e l t o -m u r m u r ó e n t r e dos silbidos. Y y a el sol moría, y la t o r r e se t o r n a b a n e g r o fantasma, y en el cielo, de un hondo y sugestivo azul, relucían dos ó tres espléndidas estrellas... JOSÉ A. LUENGO.