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Y no piensa esto tan sólo, sino que opina que el Tribunal Supremo va á darle la razón en cuanto le oiga, candidez la mayor de todas las candideces conocidas. Pero dejemos á estos pobres vencidos de la política y pasemos á los derrotados de la ciencia. ¿Conocen ustedes plancha mayor que la que han hecho los astrónomos con lo del cometa? ¿Están ustedes seguros de haber cruzado la cola cometaria el i: 8 del pasado mes? ¿Hay derecho á causar en la humanidad el desasosiego causado... Cuando hace unas cuantas noches vi en la Puerta del Sol aquellos mascarones, vestidos, con puntiagudos gorros, de sabios a. strólogos, pensé en que allá se andaban en ciencia los unos y los otros; los disfrazados y los legítimos. En astronomía, el que más sabe, no sabe nada. La ciencia de las hipótesis es una ciencia muy cómoda. Para una triste cola de cometa existían más de cincuenta supuestos. Sabios había que juzgaban al apéndice como un nuevo efecto óptico. Otros consideraban la cola como un chorro gaseoso de nitrógeno y carbono. Muchos se abstenían de decir lo que pensaban. M. Flammarión, como siempre, arrimaba el ascua á la sardina del reclamo. Este señor Flammarión me parece una especie de Rostand celeste, aunque sin gallo ni hotel propio. Lo cierto es que tras la tranquila conjunción del cometa y la tierra, los sabios de observatorio han quedado derrotados. Ninguno de ellos acertó en cuanto á la composición de la ráfaga cometaria. Lo más que hicieron fué acercarse á la verdad. Arrimarse á la cola, en una palabra. i Pobres vencidos del mundo sidéreo! (Y el que no entienda la frasecita, que se fastidie. Obscura es la ciencia de las estrellas, pero, pasando á otra cosa, más obscuros son los dibujos que se ven (ó que apenas se ven) en un salón de Madrid. Un artista sevillano ha presentado unas manchas á la consideración de sus compañeros en arte, y poco ha faltado para que éstos se vuelvan locos. Los pobres pintores llevan también una mala primavera. Pensaron en que se verificaría en ella la bienal Exposición de Pintura y... no se verificó. Como siempre sucede, á última hora se vio que no había presupuesto. A falta de Exposición Nacional tuvieron una Exposición de cartones embadurnados á capricho, y aquí fué el desorientarse y el no saber los fu- nisterío Weyler, general el más derrotado que conocemos. A las naciones, como á los jugadores de tute, lo peor que les puede pasar es que se les acaben los triunfos. Y los españoles hace ya tiempo que estamos fallo á todo. Gracias á que la alegría que pudiera quitarnos esa idea de nuestro escaso valer, nos la pro 5o rciona la comisión de festejos con su fantástica y loca imaginación. ¡Vaya un programita festivo! ¡Tonto será el forastero que ante las promesas de programa tal no tome el tren, y venga aquí á hartarse de dianas! i Por vida del diablo, y ésta sí que es derrota en toda la línea! Música... música... y música es cuanto podemos esperar de los festejos. Y lo peor es que acaso por escuchar estas notas pierdan el curso algunos estudiantes. Estos son otros derrotados. Los derrotados de la cátedra. Pero no se apuren al leer sus notas de suspenso. ¿Para qué estudiar en estos tiempos? ¿Para conseguir tm distrito como el de López y que luego Pérez con cuatro alcaldes caciques le derrumbe sus ilusiones políticas... ¿Para llegar á sabio astrónomo y no saber si los cometas se mueven ó no en nuestro mismo plano... ¿Para conseguir una concejalía y organizar dianas... ¡No, jóvenes alegres, no. ¡Abandonad el estudio y no os consideréis derrotados porque cuatro maestros del saber (del saber colocar libros de texto) os suspendan. Dedicaos á alegrar con vuestros amores y con vuestras risas estas primaveras fúnebres que ahora se estilan. Y si queréis ocupación más lucrativa y que no exija grandes conocimientos, haceos autores cómicos. Precisamente con el asunto y con el título de esta croniquilla podéis hilvanar una revista teatral de las de moda. i Los derrotados! Ya estoy viendo el cartel anunciador y hasta los chistes. Llay titulillos que están pidiendo á voces la astracanada en un acto. En cambio, si en vez de Los derrotados se tratase de Los triunfadores el poema épico modernista, turos Coyas si tomar el camino de la calle de Fuencarral ó el tranvía de la calle de Velázquez. Total, que también los amantes del divino arte de Rafael andan como vencidos por esas calles de Dios (y de Francos Rodríguez) La derrota se ha impuesto en todos los órdenes de la vida. La primavera actual ha pertenecido por entero á los derrotados. Realmente se impone oa mi- á lo Rubén, se imponía. Sacando, por supuesto, á relucir en él toda la primitiva raza de triunfadores indios y el Ande famoso. Aunque yo os recomiendo la revista cómica. Porque una cosa es el Ande americano, y otra el ¡ande... el trimestre! Y por lo último os debéis decidir si no queréis ser derrotados. Luis DE T A P I A