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MUJERES DE PARÍS. ARLETTEDORGERE A rlettc canta cuplés; Arlette traba ja en Folies Bergere; Arlette es artista de opereta; Arlette va á Londres; Arlette se deja convencer por la Rcjane para lanzarse al verso... Les digo á ustedes que es muy raro abrir un periódico parisiense y no encontrar unas cuantas líneas que traten de cualquiera de esas materias á propósito de las idas y venidas de Arlette Dorgere. ¡Qué mujer! Verdaderamente marea. Además, no descuida ninguno de los infinitos recursos que están al alcance de las mujeres bonitas para cultivar la reclame. Últimamente fué á posar en el estudio de nuestro compatriota el pintor Sala, que es el artista de moda en París. Arlette quería tener su retrato firmado por el gran artista. No quiere que se diga de ella que no es mujer de buen gusto. El retrato, que es una preciosidad, lia llamado extraordinariamente la atención este año, y la lindísima y rlette estaba tan contenta pensando que el clou del salón este año era su retrato. ¡Pero miren ustedes por dónde ha surgido esa enfadosa cuestión del cuadro de los Fischer, para que el público no se ocupe ya de más obras de Sala que del famoso lienzo de los tiros. Noches pasadas Arlette, en un restaurant á la moda, se lamentaba de su mala suerte. ¿Por qué no habría sido su retrato el que ocasionara todo ese jaleo? ¡Bien lo han sabido aprovechar el pintor y los novelistas, que llevan quince días dándole golpes en la Pi- ensa al asunto! -Yo- -exclamaba Arlette. -Yo hubiera sacado mucho más partido de la cosa. Indudablemente. La hermosa Arlette, que figura siempre en vedette en todas partes, con motivo ó sin él, y que sabe darse buena maña para que se hable de ella todos los días, hubiera hecho locuras... Y á nuestro compatriota le hubiese convenido más, porque siempre arma más ruido una mujer como Arlette, que dos hombres como los hermanos Fischer. Pero ¡cómo ha de ser! La reclame esta vez ha sido para los Fischer... y para Sala. Bien es verdad que nuestro compatriota ya no la necesita; pero se ha afrancesado un poco... y la aprovecha. Arlette tiene i. u para estar inconsolable. ¡Si vierais qué retrato tan lindo el suyo! Buena diferencia va del de los hermanos Fischer! ¡Y pensar que el retrato de Arlette hubiera dado la vuelta al mundo! ¡Cómo rabiarían las compañeras! Pues, ¿y los contratos? ¡Cómo lloverían entonces los contratos sobre Arlette! ¡Y á qué precio JOSÉ JUAN CADENAS.