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Corazoncito mío, ¿qué es lo que tienes? ¿Qué es lo que estás buscando que vas y vienes? No con el paso lento que da la vida, sino con aletazos de garza herida. Corazoncito mío, ¿qué te ha pasado, que estás salta... que salta. como asustado? ¿Sufres ó gozas? ¿Es que vas á morderme, ó es que retozas? La caja de mi cuerpo donde tú vives, con esas contorsiones me la cohibes. Muévete, como siempre, con precauciones, sin darme sacudidas en los pulmones. Anda despacio, porque estás en mi cuerpo, no en un palacio. ¡Ay, sí, ya lo recuerdo. Fué por la noche: cerquita de mis ojos pasaba un coche rebosando mujeres con largos velos, igual que los cometas van por los cielos. Y entre ellas, una... blanca... pero muy blanca... como la luna. ¿Me miró... No me acuerdo. Pero en el fondo de mi corazoncillo, y hondo... muy hondo... sentí, como una cosa que no me explico; algo que en él me echaban, rico... muy rico... como ambrosía, i como algo de la gloria, que allí caía! Esto, á nadie le importa mucho ni poco; lo apunto porque creo que estuve loco. ¡Qué bien se pasa cuando el entendimiento se va de casa! ¡Y se me fué! Lo mism; que te lo cuento, quedándome sin nada de entendimiento. ¡Pero, gozando, mientras aquel cometa se iba alejando... Después... dicen algunos de mis amigos que ando continuamente por esos trigos, buscando... como un tonto, cosas muy raras: caras como cometas, entre las caras de todas las mujeres que van en coche, y vuelven del Retiro casi de noche. Lo que sé es que buscando lo que no encuentro, lo veo á cada instante vagar por dentro. ¿Habré perdido el juicio? Me importa poco; porque si así disfruto quiero estar loco. i Qué bien se pasa cuando el entendimiento se va de casa! CONSTANTINO GIL. DIBUJO DE MEDINA VER