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Espanta ver al hospiciano, ahumado, sudoroso, cubierto de polvo y de sangre. Está sublimemente horrendo. Por fin rueda acribillado cerca del capitán, mientras los cazadores cargan á la bayoneta sobre los rífenos. IV Guarecida en las chumberas la chicharra, al CQ ar el fragor del combate, reanuda entusiasmada su monótono riqui, riqui, en alabanza del estío; y media docena de grillos cebolleros le hacen coro asomando por las grietas de los rastrojos como yesca. No se escuchan otros ruidos en el campo. La luna asoma entonces, como si quisiera, piadosa, alumbrar el tránsito de Picio. El infeliz, en un esfuerzo sobrehumano, reúne los pocos alientos c ue le quedan, y pugna por incorporarse. Se escuchan pasos acompasados. ¿Será el enemigo? ¿Vendrá á llevarse al capitán que ya vuelve en sí? Picio balbucea- un ¿quién vive? angustioso, y con los ojos extraviados mira en derredor pensando todavía en defender á su jefe, aunque sea con las uñas. Muy cerca ya del grupo que forman los dos heridos, corona á sus espaldas la cresta de un barranco un pelotón de los nuestros que roe, que, con los dedos rígidos, quiere desabotonarse la guerrera. El capitán, adivinando el intento de su salvador, se arrastra hacia él y le ayuda. -Picio, hermano mío, valiente, ¿qué quieres... Pídeme, vive, vive para que yo te bendiga siempre. El mártir mueve la cabeza de un lado á otro, señala hacia los camilleros que se acercan; besa fervoroso el escapulario que le dio la capitana y que acaba de sacar del pecho. arroja un caño de sangre por la boca, y vuelve á caer pesadamente para no levantarse- más, balbuceando: ¡Qui... m... to... l La luna brilla en todo su esplendor, y los clarines en el campamento despiden al noble espíritu de Picio, que vuela hacia las regiones de la luz eterna. V Todas estas noches, en un precioso hotelito del Limonar en el que convalece el capitán traído á Málaga, la madre de Quinito, cuando le acuesta, reza con él un Padrenuestro por el alma de Picio. Bien está; el agradecimiento es virtud de los bien nacidos; pero yo creo que el hospiciano he- V -1 íi i S í. 1 K. í í Ip ti s- e üL viene recorriendo el campo de batalla. La faz cadavérica de Picio, negra, horrible, se alumbra de un jiibilo celestial. El capitán se ha salvado, aunque el asistente no volverá á ver á Quinito, su único cariño en este mundo. ¡No ha- sido posible cumplir del todo con el encargo del chico! El frío de la muerte inunda las venas del héDIBUJOS DE MÉNDEZ BRINOA roe no ha menester de oraciones. Después de conquistar la palma de la gloria sobre la tierra africana, ha debido de entrar también en la eterna por las puertas abiertas de par en par á los pobres de espíritu, á los limpios de. corazón y á los que padecen persecuciones de la justicia y de la injusticia humanas. El CONDE DE L Í S NAVAS NTJESTEO CONOUBSO DE CUENTOS. LEMA: DEBAJO DE UMA MALA CAPA...