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TEODORA. IÍe- 2- j i. 5 w. 3 P ichoso tú. Así d o r m í a yo h a s t a ayer. i Calla! ¡l i s curioso! JULIO. ¿P o r uc desde a y e r? TEODORA, Porque a n t e s no existia esc tesoro. (Señalando ¡jila. á la A c a b á r a m o s T e i uila c! sueño. TEODORA. V o nic i) ropon! o que se nic olvide, y no puedo. T e di. iío la v e r d a d como todo lo (ue el abuelito, (ue es s ¡eni) re tan eucrüso, nos h a resbalado, estaba bien á la vista, suponf o que esto uc está oculto debe de ser asombroso. ¡V á l g a n o s Dios, y (pié picara JULIO. curiosidad! Ac iií pongo TEODORA. nos dijo, esta caja c e r r a d a ipic e n c i e r r a todo un tesoro) ara a ucl uc se ai) rovechc (le ¡o nc g u a r d a en su l omlo; pero es condición precisa que no lo sci) áis vosotros h a s t a que yo lo disponga. Sí, eso d i j o bien me acuerdo, JULIO. y añadió, que es lo m á s g o r d o Y o h e de saber si cumplisteis la condición que os i m p o n g o Juno. Coniiíiiiará. f TI RELATOS DE CAZA E L R I O D E LA S A L V A C I Ó N ancohualpa, dueño de la vida y jefe de la tribu de los takais, partió á la salida del sol con 200 h o m b r e s elegidos e n t r e todos p o r fuertes, p o r a t r e v i dos y valientes, á la caza de! búfalo. Dos h o r a s llevarían de camino cuando os euías 1 a n u n c i a r o n la presencia del rebaño. E s t a b a n los bú falos pastando traiKpiilamente sin a d v e r t i r la ¡u oximidad de sus enemigos, que a v a n z a b a n prudentemente de c a r a al viento. iVÍaucohuali) a dio orden de (pie i n c e n d i a r a n las resecas hierbas, y á los ocos momentos, atpií y allá c o m e n z a r o n á verse densas h u m a r e d a s (pie se tendían sobre la t i e r r a como n) nst n i o s a s y n e g r a s serpientes. S ú b i t a m e n t e sintióse tn ¡formidable estruendo, f. os pobres animales, hostigados i) or el incendio, ein rendían en m a s a su preei itada m a r c h a Cuando los indio los vieron, lanzaron salvajes gritos de. placer y re uirieron los arcos. (Galopaban hacia ellos en a p r e t a d o haz, dando al aii c sus a n c a s y humillando los disformes testuces. Ante su i) aso, h i e r b a s y arbustos cedían como si u n a gigantesca hoz i) asara por la llanura. Al fin llegaron. J. OS indios, formados á sus costados, los recibieron con certeros disparos de venablo y comenzó la carnicería. Cuando terminó el s a n g r i e n t o desfile del rebaño, los indios procedieron á c o n t a r las piezas cobratias, y, ocupados en t a n sabrosa t a r e a no vieron ue las llamas, empujadas por el viento, habían formado á su alrededor un es antoso círculo de fuego. Aijenas se dieron c u e n t a de su situación, galo aron en todas direcciones por ver si e n c o n t r a b a n a l g u n a salida, y ya. ilesconfiaban de salvarse, c u a n d o descubrieron un río que corría m a n s a m e n t e p o r un hondo cauce. Sin perder un instante, se lanzaron á él... l u é acjuclla una huida cpopéyica. Los caballos n a d a b a n vigorosamente. Iban c o n t r a el viento y contra la dirección del fuego, por lo cual no t a r d a r o n en cncontrársekL Das llamas llegaban á las orillas y se estiraban en c o n t o r siones a m e n a z a d o r a s las ondas del río ijarecían de oro líquido, y m i r í a d a s de chispas se s u m í a n en ellas, después de describir en el aire caprichosas p a r á b o l a s oíanse como gritos del b á v a t r o el g r u ñ i r de los a n i malillos, el aullar de los chacales y de los j a g u a r e s y el piar de las míseras aves, y, sobre todo, el viento entonaba rugiente su canción fúnebre y solemne... AI fin salieron á t e r r e n o libre del incendio, y ent o n c e M a n c o h u a l p a c u a n d o se vio en la orilla con los suyos, dijo dirigiéndose al r í o -D e s d e hoy, tú serás llamado el río de la salvación... José A. LUENGO. FABULAS ESCOGÍ D S LA PRUDENCIA i- Sí HUMANA i j i J P Cayó en la red del pescador a r t e r o un barbo j o v e n e í t o i Allí fué t r a b a j a r el prisionero p a r a r o m p e r el c á ñ a m o maldito... Chupa, m u e r d e batalla, deshilacha el torzal, quiebra luia malla, y al fin se libra del peligro fiero... -i C a r a m b a- -p r o r r u m p i ó -d e buena csca ü! Viviré en adelante sobre a v i s o quien me pesque o t r a vez, ya h. a de ser g u a p o M a s u n a cosa de comer diviso, que á merced de las olas sobrena la por un hilo sutil á un alo a t a d a es, si no me equivoco, pan, y buena r a c i ó n ¡P u e s me la e m b o c o T í r a s e al cebo el pez sin m á s rec- ío, y al salir de la red, t r a g ó el anzuelo. Así, con stis propósitos ufana, se arroja en pos del apetito loco, de yerro en yerro la prudencia humana. JUAN EUGENIO H A R T Z E N B U S C H