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t t ¡ROBLES SOLO, ROBLES SOLO! I II li I I ii i K l i l i II I i ui I! 1 i i 1 I 1 hilK 1 i 1111 según cuentan los anales del histrionismo en Espafu. una broma impertinente cierto día le jugaron. V e r á s las cosas pasaron de la manera siguiente: 1 Con Rosalía Guerrero salió Robles á cantar. N o hicieron más que empezar cuando el auditorio entero, que en Robles vio siempre un bolc i pues nunca supo u n papel, i dijo á voces: ¡S ó l o el, I Robles sólo, Robles s ó l o! Este mandó retirar á Rosalía, y quedando sólo allí, siguió cantando si es cjue aquello era cantar. P e r o el público, insistente, gritó de n u e v o ¡Que cante Robles sólo! Y él, galante, así le dijo á la g e n t e S e n a d o ilustre: Acatando tus órdenes, pues lo pagas, para que te satisfagas aquí estoy sólo cantando. eres el j u e z estoy p r o n t o gritó: ¡So tonto, 1 entiende usted! 1 1 iMi 1 I desea I i aii) eso sí, 1 1 1 1 de aquí i V II h I ni le vea. Robles sLispenso quedó, y haciéndole al del insulto un ademán nada culto, rápido despareció. De todas partes sonaron los vocablos más violentos... ¡y hasta arrojaron pimientos, que la escena p r o f a n a r o n! Y el señor corregidor, hombre recto, aunque incivil, que su cargo concejil servía con gran amor, exclamó: ¡A b r i r é proceso, que esto de la raya p a s a! ¡Los pimientos á mi casa, y á Robles, llevarle p r e s o! Y diz que la autoridad, cuando Robles trabajaba, la presidencia ocupaba con toda puntualidad, encargando al pobre actor que al cantar desafinara, para que el pueblo le echara las legumbres de rigor, porque tan celoso. alcalde ya de antemano sabía que la cena le saldría poco menos que de balde. TONAS L U C E Ñ O DISUJO DE MED: NA VCÜA