Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
mmi En ímem ñ CRÓNICA DE PARÍS SÁBADO 2 8 MAYO. p ntre todas mis amables lectoras, ¿cuál será la que en sus primeros años no haya vivido con la imaginación en un mundo de hadas? Seguramente todas, ó casi todas, habrán tenido su época de entusiasmo delirante por la Belle aux cheveux d or, la Belle au bois, Peau d Ane ó Cendrülon, sintiendo hacia las heroínas de estas fantásticas historias un verdadero afecto, mezclado con sincera admiración. ¡Cuántas veces se habrán dormido bajo la influencia de las maravillosas transforimaciones de la varita mágica que el hada prot e c t o r a entregó á Peau d Ane cuando abandonó la corte del Rey su padre, y habrán soñado con los tres magníficos vestidos que sucesivamente se le aparecieron! El primero, de cielo, tejido con nubes; el segundo, de so! lleno de luz, con tal resplandor que obligaba á los que la miraban á cerrar los ojos, y el tercero, de luna, que era el más ideal, porque la envolvía en sus rayos plateados como la suave luz del astro de la noche. Pues bien; los sueños de entonces son realidades de ahora. Para convencerse de la verdad de mi afirmación basta con ir á comer á Versailles, le dernier chic de la saison. Allí se reúnen todas las elegantes parisiennes y extranjeras luciendo toilettes tan originales como espléndidas, que evocan el recuerdo de un mundo fantástico, poblado de hadas. Realmente, comiendo en Versailles cree uno asistir á un concurso de belleza y buen- gusto. La toilette que seguramente hubiese obtenido más votos es de crepé de Chine vieux rose, incrustada con aplicaciones point á l aigüille y cubierta de gasa negra soulignés de azabache. Otro vestido, también muy bonito, es de liberiy celeste, con hojas de yedra bordadas en sus verdaderos matices, formando grupos al borde de la falda y subiendo en tallitos muy finos, con hojas menudas, hasta el escote. Las que exageran la moda en detrimento de la graciosa soltura para moverse, que tantos atractivos tiene, aceptan las túnicas coulissées. No me atrevo á condenarlas en absoluto; hechas en voile ó gasa son bonitas, y favorecen á las figuras altas y esbeltas, siempre que no se muevan, porque al echar el primer paso la desilusión es irremediable. líl vemissage ya no tiene los encantos de antes, se entiende para hablar de modas; la cohue ha desterrado la costumbre de presentar allí las primeras creaciones de la temporada; las señoras saben que sus toilettes se perderían entre la muchedumbre sin que nadie las admirase. Por las mañanas se ven algunos trajes íailleurs sumamente sencillos, de jerga, tejido in. glés á cuadros pequeños ó schantung. A la hora de almorzar se encuentran en los restauranis á la moda preciosos modelos en paño blanco ó blett de roy, cortos, con cinturones la mayoría, y algunos sin cuello; los que tienen gabán tailleurs, se sujetan con un cintu- ron de cuero muy flexible, verde ó cereza. Las toques que completan estos vestidos son muy grandes, en los mismos tonos, ó que difieran poc: o, y adornadas con alas Méphisio á un lado, ó con un gros ponf d aigrettes. Al empezar la primavera creímos que este año el triunfo iba á ser de las flores; pero á medida que la temporada avanza, las plumas recuperan su puesto, no altivas y con aire de triunfo, como otras veces, sino perezosamente reclinadas, como si pretendiesen pasar inadvertidas. CONDESA D AEMONVILLE chas las casas aristocráticas, que conceden los honores que merec. s á nuestra clásica merienda. Para tomarla en intimidad hay una espe cíe de trípode que sostiene un; bandeja chiquita, cubierta con um: servilleta rodeada de Irlanda, donde se colocan taza, vaso, etc. etc. lis muv cómodo, además de l) onito. Por supuesto, en estos días nadie dejará de añadir á las brioches y croissants de diario el PlalleyCake, que ha descendido al escaparate de una elegante pastelería para ver si la gente se reconcilia con el cometa. Yo aseguro que es delicio o. Las personas de buen g u s t o no pueden ser felices si todo lo que las rodea carece de ese cachei especial, mezcla de confort y de arte, que tienen los muebles modernos. Hace unos años era dificilísimo resolver el problema de amueblar una casa; hoy, nuestro orgullo nacional puede vanagloriarse de encontrar en España, sin salir de Madrid, verdaderas preciosidades. Acabo de ver un comedor que me apresuro á describir, se. gura de que mis lectoras me lo a. gredecerán. Las paredes pintadas en un tono hueso, con adornos ligeros sobre fondo patinado; las puertas de cristales grandes, casi cuadrados (como los de los balcones de las casas antiguas) y sin cortinas éstas sólo las tienen los balcones y están recogidas debajo de jambas huecas. El mobiliario es muy sencillo; el buffet, que se destaca sobre un tapiz con marco de bronce; un argentier y un panetier; alrededor de la mesa, cuatro siljoncitos muy bajos de respaldo, con el asiento de rejilla, y almohadones sobrepuestos de damasco igual al de las cortinas. Sobre la chimenea descansa un cristal dividido en pedazos, imitando las lunas del palacio de Versailles, y unidas con una rosáccE de bronce, sin listones de madera, queriendo simular que son enteros; con marco también de bronce, y á los lados, dos brazos del mismo metal con velas de luz eléctrica. Completan este bonito comedor, cuya fotografía reproducimos, una araña de cristal y bronce y un tapiz sobre el parquet. Todos los muebles son de roble de Hungría, del más puro estilo. DE T I E N D A S hay nada más difícil que hacer un regalo á un bebé. ¡Todo resulta tan vulgar! Existe, sin embargo, un objeto muy poco visto. Consiste en un bol del tamaño de una taza, tallado en roble, para evitar que el pequeño con sus movimientos irreflexivos pueda romper la porcelana. Esta extrema rusticidad se modifica con un borde de plata y un escudo para grabar el nombre del chiquitín. La cuchara es de concha clara, con la punta redonda y una bola de plata al iinal del mango. Como la merienda se ha hecho indispensable, debemos dedicarle un momento de atención. Aunque el té tiene muchos partidarios, el chocolate ha resucitado para hacerle la competencia, y ya son mu ío