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Mucho debía saber aquel hombre. ¡Cuántos premios en sus marcos, colgados en los lienzos de la pared! ¡Cuántos libros! Y, además, sin duda era muy cristiano, tenía una pila de agua bendita á la cabecera. Cualquier mujer sería feliz á su lado. ¿Mujer en aquella casa? Ya vendría así respondió D. Salvador, con una sonrisa maliciosa que la señora Pepa interpretó á su gusto. ¿Conque Magdalena era tan buena muchacha? Ya lo comprendía él; se conocía á la legua su buen fondo. ¿Y por qué no había de casarse? El se lo aconsejaría y quizá sin él no hubiese boda... De los arrepentidos quiere Dios, y Magdalena poseía un alma de niña y mucha devoción á la Virgen de la Paloma. En fin, que la tía salió segura de que tenía futuro sobrino en planta, y cuando fué á Su casa para llevar al vecino la ofrecida taza de caldo, refirió á Magdalena sus impresiones, y tan inminente consideraron ambas la declaración, que la impetuosa madrileña quiso darle por sí misma la poción reparadora y lo hubiera hecho á no contenerla la anciana. -No, hija mía, tú no debes ir. Esto empieza con mucha formaíidá, y aunque D. Salvador se ve que se interesa por tu persona, no conviene poner las cosas tan fáciles. El reventará. Tal aseveró la ex vendedora, y partió á entregar el refrigerio, con una copita de Cariñena, volviendo á su morada aún más satisfecha que antes, porque D. Salvador ofreció visitarlas en cuanto se aliviase de su indisposición y les daría seguramente una buena noticia y una sorpresa que para ellas creía agradable... Magdalena lloró de alegría y de esperanza. Después miró hacia atrás y comparó aquel hombre indulgente, fino y respetuoso de hoy, con los pretendientes de ayer. Salvador pensaba en la hermosura de su alma, en la que no había pensado nadie de los que arriaron la de su cuerpo... Y lloró más, porque para él, lo hubiera querido tan puro como aquella. No, no merecía una mujer de su condición un hombre de tal superioridad, pero á fuerza de amor casto y de sacrificios, ella sabría redimirse, y adorando á su esposo, sería digna de éL Soñaba y temía el deseado momento... Llevaba meses como siglos queriéndole: primero, subyugado su espíritu por desconocida atracción; después, cruzando inocentes palabras, pero que pronunciadas por él sonaban en su ánimo cual melodía imperecedera, y acentuadas con la intensidad de su persuasiva expresión, resultaban sugestión gratísima que esclavizaba su voluntad con cadena de flores. Y la ilusión iba á ser un hecho... Salvador hablaría. ¿Cuándo? En cuanto se vieran solos. Y se presentó la ocasión á la enamorada vecina, porque sí, sin buscarla, casualmenteTan no la esperaba aquel día, que descuidó su primoroso peinado, y el galán la encontró con la hermosa cabellera suelta, confusa como una colegiala, de emoción y de vergüenza porque la hallase en tan incorrecto descuido; pero la señora Pepa no estaba y no había quien le recibiera... A él le era lo mismo; no miraba en Magdalena más que un alma redimida, y tanto era así, que su madre debía venir aquella tarde del pueblo y lo primero que haría sería ponerlas en relación... De fijo, llegarían á quererse mucho. Aquello fué más de lo que Magdalena esperaba. No los merecía, no era digna de ellos, aunque juraba por su salvación querer á ambos más que á su vida; y enloquecida de amor y de arrepentimiento, cayó á las plantas del noble joven, cubriendo sus pies con la suelta cabellera, pidiendo perdón de sus culpas una y mil veces é intentando besar la mano que Salvador le tendía. El la detuvo serena y dulcemente, murmurando; DE NUESTRO CONCURSO DE CUENTOS. I. BMA: ESCOGaTASE LICET -Hoy no, Magdalena. Hoy eres tú más que yo; eres una pecadora que se arrepiente, eres casi una santa, das al cielo un día de gala con tu virtud. Yo, en cambio, no tengo nada nuevo, nada pasional que ofrecer á Dios. Soy un pobre mortal, sin valer ninguno... Deja el sincerísimo beso de tu cariño para mañana. Dámele en el altar, cuando cante mi primera misa. ¡Usté... ¡Usté... ¡Mañana! Y levantándose arrogante y soberbia, como una í- 9 F 1 fti Xjl. j fi: í í leona herida, palideció y vaciló su cuerpo de diosa, cual si fuera á desplomarse... Después, una sonrisa indefinible entreabrió sus labios, y con una voz en que el dolor y la desesperación tomaban igual parte y casi ahogaban el sonido, añadió dejando extático á Salvador: -Mañana... mañana tengo que ir á la corrida. Mata lai novio! Ros ÉGUILAZ DE PARADA. DISUJOS OS M HU Z BIUKQft