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LOS TOROS dad, y continuó la lidia sin c ue ni entre los lidiadores ni entre el público hubiera uno sólo que sospechara de la gravedad del percance de. Calderón. A que todos lo olvidaran contribuyó otro más aparatoso, pero que tuvo consecuencias menos graves, que fué la cogida de Bonarillo, que al sonar los clarines para la muerte del último toro, se echó á la plaza desde el tendido número i, desde el cual había presenciado la corrida; rogó á Rafael que le cediese los trastos, y previa la venia presidencial, empezó á pasar de muleta al bicho, y al seg; undo pase fué enganchado por el bajo vientre, arrojado á gran altura, y cayó quedando en el suelo sin movimiento. Repuesto de la impresión del golpe, pasó Bonarillo por su pie á la enfermería, dejando al público dolorosamente impresionado. Cuando los demás toreros entraron á ver á E n la cuadrilla reemplazó á Calderón Manuel Martínez Agujetas) U n interesante trabajo biográfico de don M. del Todo H e r r e r o describe así los comienzos de Manuel Calderón: A l mediar el presente siglo (x i x) -en ocasión en ciue el primer tercio de la lidia de reses bravas se hallaba en su auge, gracias á los esfuerzos de concienzudos mantenedores, que han ido paulatinamente desapareciendo, dejándole sumido en la deplorable situación en c ue hoy se encuentra, comenzaron á hacerse lugar como toreros de á caballo unos muchachos de Alcalá de Guadaira ó de los Panaderos, en la provincia de Sevilla, que se presentaban en la pella con buenos ánimos y mejores facultades. Fueron ellos en un principio los hermanos Antonio y Francisco Calderón, notable el primero por su brazo derecho y su conocimiento del ganado, y el segundo por su alegría y su compostura, y en contraposición á aquél por el brazo izquierdo. Apareció más tarde el tercer heriuano, José, procurando seguir la buena escuela de los anteriores, y finalmente se lanzó á la palestra Manuel, el último de los cuatro, c ue había nacido en la expresada población de Alcalá de Guadaira el 2 de Octubre de 1840. El Bachiller GonzLiles de Rivera, y Recortes, en su concienzudo libro Las víctimas del toreo, afirman que Calderón nació en 30 de Junio de 1839, y á esta fecha nos atenemos, por saber la escrupulosidad con cjue ambos escritores han comprobado todos los datos de su obra. L a s alternativas propias de los comienzos de la carrera las experimentaron los primeros Calderones, pero una vez conocida su competencia, tuvieron cabida en las principales cuadrillas y pudieron ayudar mucho á los jóvenes, ue, desde luego, dada la consideración lograda por los mayores, y la buena madera de todos, figuraron con los mejores maestros. Lagartijo particularmente, que á más del aprecio que le merecían en el desempeño de la obligación, les profesaba especial cariño, les fué llamando sucesivamente á su cuadrilla, y al retirarse, Antonio antes y luego Francisco, quedaron ocupando las dos plazas montadas al lado del diestro cordobés José y Manuel. E s t e había alternado en tanda por primera vez en Madrid el 11 de Septiembre de 1870, dejando entrever en su cometido, y corroborándolo así su práctica subsiguiente, que era el menos brillante de los hermanos, y sin que. dej a r a de reunir algunas de las buenas cualidades de los otros, faltábale tanta decisión 5- predominaba entre ac uéllas la desigualdad. Asistió Manuel al festival de P a r í s sufrió, como i ercance del oficio, una herida grave de pulgada 3 media de extensión en el antebrazo derecho, causada por el toro Farolero, de Saltillo toreó mucho, abarcando los mejores tiempos de Rafael, y retirado también su hermano José, ciuedó como picador más antiguo de Molina. Cincuenta y dos años tenía al morir, y era y hubiera continuado siendc aún algún tiempo, uno de los picadores predilectos del público. P. P. C H A N E L A Manuel Calderón Díaz. Bonarillo, se enteraron con la natural sorpresa del gravísimo estado en cj ue se encontraba el infeliz Calderón. Lejos de ser leve y pasajero el percance que había sufrido, estaba en inminente peligro de muerte, tanto, que en la mañana del siguiente día falleció. Velándole estuvieron, además de sus com añeros de cuadrilla, no pocos aficionados, que acompañaron el cadáver al cementerio cuando se le dio sepultura, lo cual se verificó al día siguiente. Lagartijo sintió muchísimo la muerte de Manuel Calderón, á quien cjuería sinceramente, pues era el último representante de aquella familia que le siguió siempre en su larga vida de torero, y con la cual le unían antiguos lazos de amistad. DIBUJO DE MtDl. sA VERA