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ODRIA ponérsele de sobrenombre la suntuosa, la rica, la alegre. Es una ciudad enorme que, á la vivacidad y á la alegría propias del espíritu latino, une la actividad: económica, la fiebre de negocios y de riquezas del espíritu anglo- sajón. Una ciudad bulliciosa, animadísima; una ciudad flamante y nueva, agrandada de año en año gracias á la riqueza extraordinaria de este país y al incesante movimiento inmigratorio. Con avenidas tan hermosas y tan atildadas como la de Alvear, la de Sarmiento, la de Maldonado, Callao y Santa Fe, sobresaliendo, entre todas, la avenida de Iayo que, por el movimiento, por la riqueza de sus edificios y por el lujo de sus tiendas, nada tiene que envidiar á los grandes bulevares parisinos, con la ventaja sobre París de este clima y este cielo purísimo que os trae á la memoria el cielo de nuestra hermosa España. Con plazas monumentales, con soberbios edificios públicos, con jardines y parques y squares á la inglesa, con barrios tranquilos y coquetones como Palermo y Belgrano, con calles muy bien pavimentadas. Y por todas partes, en calles principales y en calles secundarias, infinidad de casas, generalmente de dos pisos, en las que campea un exquisito gusto arquitectónico, de fachadas ricamente adornadas, gracias al empleo del cemento que tan admirablemente se presta á los caprichos decorativos; con hermosos balcones- jardines adornados por infinidad de plantas y flores en maceteros y jardineras que se amoldan á la forma de los balcones; fachadas en las que el nrnnií- í rtn tif nn s i e m n r p h i i p n r n i d n r l n en I m Avenida Alvear, ana de las vías más liermosas de la capital aríjentina. giros que la hacen menos pura, pero más acariciadora, más musical, más dulce que el severo correcto castellana; nuestros clásicos los que aquí se enseñan en los centros docentes; nuestra música la que se oye constantemente; las obras de nuestro riquísimo inagotable teatro antiguo y moderno las que aquí se representan. Es nuestra sangre la que circula por las venas de estos hombres bulliciosos y alegres, satisfechos de la vida, orgullosos de su país, ambiciosos de un bienestar cada vez mayor. Es nuestra sangre meridional la que caldea á la encantadora mujer argentina, mimosa en el hablar, gallarda y esbelta en el andar, elegante, elegantísima en el vestir, de brillantes, hermosísimos ojos, de cuerpo hechicero lleno de encantos y de alma soñadora, llena de ternura, de delicadeza y de sentimiento Es nuestro espíritu, nuestra historia, nuestras tra- CaTle Santa Fe.