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H MI HiJH maRG 3 RIT 3 i: álhnm obsequiado por Rxíléii Durto, T. J 41 Al escribir mi nombre en este libro que la amistad sincera te consagra, yo no sé lo que siento, Margarita: honda emoción me embarga. Ante mis ojos pensativos, hiia, estas páginas blancas, que semejan un símbolo de la pureza virginal de tu alma, parece que se extienden infinitas en el futuro incierto se dilatan. Miro oscilar la misteriosa brújula que el destino señala. y en un mar insondable cual la vida, sola y frágil tu barca, r rayos horribles, hondas tempestades, el abismo que esoanta... Luego, un desierto inmenso que se extiende árido, triste, cual funérea sál) ana, y tú sobre tu débil dromedario. cabalgando en la eterna caravana. En seguida dibújanse mil sendas que llevan á regiones apartadas unas son escabrosas y conducen á parajes obscuros, hacia ignotas montañas; otras sonrientes son, las bordan rosas, mirtos y verdes palmas, y van hasta los célicos iardines donde fulge una aurora de esperanza. Y tú sin saber, hija, por qué ruta debes seguir tu marcha... Después, todo se pierde y se confunde; mis ojos se extravían; crece mi ansia, y se borran las sendas v no hav rosas, ni palmas, ni jardines, ni luz alba; sólo el triste, indeciso, interminable horizonte sin límites, la vaga aridez melancólica de la página blanca... Luego, como en las nubes que nos fingen caprichosos mirajes que retratan nuestro febril deseo, tal contem; 5lo que surge en el espacio una visión sagrada. Un ángel se te acerca y te protege, como si fuese el ángel de tu guarda. Tiene una faz divina, nivea aureola ciñe su frente santa, sus alas son de luz y hay en sus ojos el efluvio de amor de tu mirada. Tiene tu dulce palidez, y tiene un algo misterioso que se luce y encanta. Tierno te alza en sus brazos y te lleva sobre la arena estéril y sobre la onda amarga. Te salva del dolor y te embelesa con los trinos de amor de su garganta, con una voz tan dulce que transporta mi corazón á la bendita infancia. Y tú también recuerdas y sollozas; I Madre! tu pecho palpitante exclama. ¡Oh! No sé lo que siento en este instante; honda emoción mi corazón embarca... Permita Dios que en este mundo sea, Margarita del alma, lo que la mente de tu padre ha visto en estas blancas páginas. Luis H. DEBAYLE. DIBUJO DE n r C l O ü H