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las deáternilló de risa. Jamás presenciaron un acontecimiento de tanto regocijo y de tan sin igual audacia: Pascual, el pinche traviesísimo, habilidoso en intrigas y gran conocedor de las debilidades humanas, habíase tornado de pies á cabeza en un caballero gentilísimo de linda casaca de piqué, blanco corbatín, calzón de punto y medias blancas. Y su cohorte de galanteadores componíanla los lacayos, palafreneros, pinches, criados todos de la duquesa, joyantes y satisfechos con su indumentaria señorial y elegante. gracia del entrometido Pascual. Su ceño perdió el enojoso enfado, los labios plegaron la sonrisa amable y en su corazón perduraban las emociones distintas que le hicieron sentir aquella orquesta y aquellas trovas. Las flores volvieron á lucir en los jarrones de adorno. De vez en vez, la ingenua dama recibía, por parte de su servidumbre, noticias del enamorado galán. Se le veía al pie del palacio, con los ojos fijos en la ventana del cuarto de la duquesa. Otras veces, sen- J a. f- í. u Se alejó la orquesta al compás de tina contradan 7.3. En el parque, entre la fronda, se extendió el rumor de un reir estrepitoso. Hubo, de nuevo, grandes fiestas en el parque y en los salones. La ilustre duquesa sonreía al amor y á la vida. Su más fuerte deseo se realizó por obra y DE UESTJ. O CONCURSO DE CUENTOS. LEM I UES SEÑO tado en un banco de piedra, con la cabeza oculta entre las manos, parecía. sollozar. Y al oir tales rotundas afirmaciones, la noble y exquisita duquesa tenía una frase de consuelo para el desventurado amador, y ahuecando la voz enfáticamente, exclamaba bien convencida: -i Oh, el empecatado! Le atormenta el sueño de mi amor. EDUAKOO H A R O DIBUJOS DE jLSZf. VAN