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en los talleres, en esa edad trascendental de los primeros amores. Cuando vienen limpios de afectación, al g unos de los tristes resultaban bellísimos, especialmente en las notas finales, que se pronuncian de un modo extraño y original. El payador era el vaso sagrado en donde se conservaba incólume el tesoro de la música tradicional. La melancolía del desierto se le amontonaba en el alma, y toda la angustia solitaria de los antepasados se salía de dentro por los labios afuera. La nostalgia, la soledad, la vida nómada y azarosa del ¡gaucho, venían á fundirse en aquel bardo vagabundo é ingenuo. El motivo de sus cantos era siempre el mism o la traición ó la muerte del bien amado, ó el abandono y soledad de la vida. El encanto de la vidalita, el supremo y raro encanto, estriba en el tono de tristeza resignada, de dolor dulce y manso, como el de esos niños que nacen enfermos y conocen la Pero cl payador no ha dejado nijoo. ztf nnerto del todo, sin sucesión legítima, y la Pampa ya no repite de ningún modo el eco de su poesía. Aún se cantan sus canciones; pero esa literatura indígena, peculiar, nacida del riñon de la raza, no ha derivado en otra literatura más culta y esmerada. Los poetas urbanos han desertado de la tradición nacional. Bu. can el motivo de sus cantos en París ó en Milán, y lloran cualquiera cosa, la melancolía del Trianó; por ejemplo, ó el amor de las duquesas rococó; pero no beben en las fuentes de la raza. Todo el esfuerzo poético de la gente gauchesca ha sido malogrado. Y poco á poco, el tiempo irá borrando las huellas ce los nómadas trovadores. Hubo un poeta culto, llamado Llcrnández, que supo encarnar en un tipo la leyenda gauchesca. héroe del pocn ¡a era Martín Fierro, especie de Cid de la Pampa. Su figura aparece agigantada, más que -m í. Wa fe sabiduría nrprintitr; i d, 1 sufrípiiento sin redención. Con cl ci v. Lizai el asunto de su angustia, cl amor es simbolizado en una paloma, y en casi todas lar estrofas aparece ¡a paloma, adornada con cariñosos y sencillos epítetos. En esto consiste le belleza de los versos: en la simplicidad de los versos, en la sobriedad v ternura de las imágenes. Palomita blanca, vidalita, pecho colorado; salió tan ingrata, vidalita, que se me ha volado. 30 Dre esta base de úu ce descsj. eranza giran todas ¡as estrofas. Otras veces re pondera la amargura del abar. dono en la soledad y miseria de la Pamon desolada En mi pobre rancho, vidalita, no existe la caima, desde que está ausente vidalita, el dueño del alma. por la pondo ac- í n- po- tíi nm- la n icna grandeza del meciio en que se movía aquel ser gallardo, libre, heroico y malaventurado. Martín Fierro representaba al gaucho puro, nacido á la sombra de un ombú y empujado desde niño por la dura necesidad y por el fatalismo de su naturaleza rebelde y soñadora. Era vui peleador, un cantor, un diestro jinete, un enamorado fino, un noble comijañcro, un nostálgico. Sufrió todas las peripecias que sobre el gaucho piulo acumular el destino. Fué perseguido por la justicia, prisionero de los indios, soldatio de la frontera. Sabía cantar versos llenos de intención; sabía decir refranes y apotegmas campestres, empapados de sabiduría socarrena; sabía reñir noblemente y resistir el empuje de una tropa de soldados, con sola su espada y su poncho. Martín Fierro fué el poema nacional por excelencia, el acierto más la literatura argentina. Él pueblo, cuando salió á la luz, sé lo disputaba, por su veracidad, por su color, por la honda poesía que circulaba bajo aquellos versos rudos. El alma del pueblo latía en el poema de Fierro. Era el último grito del payador, que ahora se ha esfumado para siempre. JOSÉ M. a SALAVERKIA. DIBUJOD DR ESPÍ