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su esposo, lo que al fin se consiguió en evitación de mayores desgracias. ¡Y que no costó poco trabajo convencerle! Aferrábase el hombre á todos los prejuicios, que adquieren fuerza de argumentos irrebatibles en semejantes circunstancias; y al recordar, sobre todo, algunos casos parecidos, veía ya á su hija víctima de la codicia del mozo y su hacienda malbaratada en cuatro días... ¿Qué podía haberle inspirado á Tonudo aquel amor, sino el dinero de la chica... ¿Es que no había en Villaplanes mozas de la misma clase que el pretendiente y tan guapas y hacendosas como Dorotea? Pero él bien supo lo que se hacía al fijar en ella sus ojos! Hija única de padres ricos, mimada, buena... ¡El muy... ¿Pero qué diantres Ic liabría dado á la chica para trastornarla de aquella manera los sentidos? Porque eso sí, Dorotea le quería con delirio, á juzgar por las muestras. Estaba inquieta, desasosegada, sin apetito y sin sueño; y cada vez más desmejorada... ¿Iba á ser capaz de morirse si no se la dejaba cumplir su deseo, más comprometiéndose á no tocar ni un céntimo de susbienes, que pasarían íntegros á su descendencia. Y aumentados, si Dios no le abandonaba. Triunfaron los amantes y renació la alegría en aquella casa, que tuvo un largo período de tristeza y desaliento... ¿Qué triunfo no logrará el amor, cuando es verdadero? Casáronse, pues, Dorotea y Toñuelo, y nunca hubo mayor ventura sobre la tierra. Y al ver á su hija completamente feliz, su padre tuvo cierto remordimiento por la tenacidad pasada, aumentado al observar que Toñuelo era aún mejor de lo que Dorotea asegurara. Un hombre de bien, que entre su hogar y su trabajo repartía las horas, siempre jovial, nunca quejoso de nada ni de nadie. Pero... i estaba escrito que aquella ventura no cristalizara! Una imprevista y rápida dolencia se llevó á Toñuelo á los pocos meses de su matrimonio, dejando á Dorotea también muerta de dolor. Sólo halló fuerzas para resistir el rudo golpe en el poderoso instinto de la especie que ya latía en sus entrañas. Iba á ser madre. Iba á ser madre... y apenas si lo fué. El MU k fuerte que ella misma, puesto que no podía resistirle... Esta fué la razón que barrió todos los prejuicios y todas las reflexiones pesimistas de aquel buen hombre, que pensaba como piensan todos los padres, al fin y al cabo, cuando se trata del porvenir de sus hijos. Y como en Dorotea se miraba, y por su bien se oponía á su matrimonio con el mozo tenaz y enamorado, llegó á convencerse de que su oposición iba á tener un resultado distinto al que buscaba. Así se lo dijo á Dorotea, sin ocultarla nada de su pensamiento. Autorizaba sus amores con Toñuelo, deseando que cuanto antes tuvieran su natural desenlace, á ver quién se engañaba de los dos. i El se alegraría mucho ser el engañado! Resucitó Dorotea. Prodigó á su padre besos y caricias, asegurándole que el mozo era digno de entrar en la familia. Y también Toñuelo fué á darle las gracias, como era justo, rogándole que le sometiese á la prueba que creyese más oportuna para asegurarse de la firmeza y desinterés de su cariño. Desde luego le aseguraba que con sólo su trábalo tendría bastante para vivir y mantener á su mujer, niño- -que se llamó también Toñuelo, para perpetuar el adorado nombre y su recuerdo- -murió á los tres meses, llevándose cl último consuelo de aquella desventurada, víctima de una de esas injusticias del destino, cuyo secreto nos está vedado descifrar. Yo estaba por entonces de vacaciones en Villaplanes, y fui testigo del doloroso final de aquella historia. Dorotea, que después de la muerte del niño había caído en un aplanamiento de idiota, salió una tarde corriendo por el pueblo y gritando desaforadamente: ¿Dónde está mi hijo? ¡Me han robado á mi Toñuelo! Siguiéronla, sin poder detenerla, á través de los campos hasta cerca del monte, y viéronla volver con un corderito entre los brazos, al que prodigaba, entre caricias y suspiros, el nombre del querido ser que la abandonara. No fué posible arrancárselo. Se lo llevó á su casa y lo acostó en su lecho, y le cuidó como á una criatura... Luego, la pobre loca sacábale á pasear todas las tardes, entre la compasión de cuantos veían aquella juventud envejecida por el dolor, aquella desgracia irreparable que se llevó dos vidas á la muerte, y se llevaba otra por el abismo sin fondo de la locura... AhStLMo M A R T I N