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En un libro posterior, de autor anónimo, impreso en Granada en 1627, se dice: Todo salía bien; pero quiso la mala suerte de la Quiñones que entenéiese mal y dijese ¡Deor los versos de la comedia, y desde aquel punto el ruido fué tan grande, sobresaliendo los silbatos de los estudiantes y los cencerros de los privilegiados de los bancos que no hubo acuerdo ni medio de oir, desapareciendo la farándula por si los granizos arreciaban, que todo era de temer en aquella tempestad. En un principio las loas servían para ablandar en parte los belicosos instintos mosqueteriles. El autor ó actor encargados de ella pedían compasión y predisponían los ánimos; pero llegó día en que las loas no sirvieron para nada, suprimiendo las muchas muchas veces, aunque á fines del siglo XVII volvieron á tener su importancia, gracias á las modificaciones que sufrieron y á ser utilizadas por poetas como el eminente D. Pedro Calderón de la Barca, Moreto, Rojas y otros: En 1617 decía el autor de Plaza Universal de Ciencias y Artes; En las farsas que comúnmente se representan, han quitado ya esta parte que llaman loa. Y. Los silbatos no respetaron ni al mismo Cervantes, ni al gran Lope de Vega, que recordó siempre con sentimiento uno de sus estrenos en Toledo; ni al desgraciado Ruiz de Alarcón. Agustín de Rojas dedica á las silbas graciosas alusiones en su Viaje entretenido, que no reproducimos por contar con espacio corto. Según se desprende de los Anales del Teatro en Sevilla, de Sánchez Arjona, á veces concluían éstos con graves sucesos, estocadas y apaleamientos de golillas. Buena prueba nos da el escándalo de la comedia de San Cristóbal, aunque en ello no fuese la causa el que la obra no gustara. Cuando en el siglo xviii los Chorizos y Polacos promovieron escándalos diarios, hubo necesidad de dictar Bandos y Pragmáticas condenando las silbas, pero debieron resultar letra muerta. Nuestros autores contemporáneos no pueden quejarse. Hoy no son las silbas como hace áo siglos. Se reducen á golpes con los pies y alguno que otro silbido, pero no se llevan á los corrales aquella colección de instrumentos para hacer ruido que debieron poner los pelos de punta á los Comellas y Moncines, Roldnnes y Zabalas, t de lo uno, lo otro. según de lo poco que servía y cuan fuera de propósito era su tenor anduvieron acertados. Salía, un farandulero y después de pintar largamente una nave con borrasca, ó la disposición del exército, su acometer y pelear, concluía con pedir atención y silencio, sin inferirse por ningún caso Entorn. v. v, rv: an ias caras bonitas de las colarediantas ni las recomendaciones de los jueces protectores. Y no es que entonces se escribieran comedias más malas que las que se representan á veces en el siglo actual. Entonces, como ahora y como siemprcj había de todo. NARCISO D J A Z DE ESCOVAR. DIBUJOS DE llUBRTAI