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M U J E R E S DE PARÍS jszL ÍL R Y GT Í D E JST f antante de ópera, guapa mujer y no mala artista, sabe manejarse ¡crfectamente la reclame y se ha- (iropuesto Ucgar... Es americana... y chaleco; (juiero decir auc sirve para todo, v, rincii) almcnte, es una mujer muy práctica. Todos los años está contratada en la Gran Opera, de París, y en el i í a n a than, de Nueva York. Cuando r! es, a á Nueva í) rk, antes de debutar en el Manathan, se procura unas cuantas intcrviús iieriodisticas para decir c uc l arís la repugna v uc los parisienses la levantan el estómago. ¡No hay más uc un i) aís en el mundo! Los Estados Unidos i Pero termina la tem jorada, Mary- Garden regresa á París, y antes de hacer su debut en la Gran Opera, reúne á los periodistas parisienses y les cuenta media docena de historias americanas que no tienen más objeto que poner en ridículo á los yanquis. La muletilla final es siempre la misma: ¡No volverá á Nueva York! i Los cerdos americanos son insoportables I i París! i París 1 i No hay más que un París! ¡No cantará más que para los parisienses i De este modo, Mary- Garden se busca siemjjre exitos ruidosos en París y en Nueva York. i No es torpe la criaturita! Discíi) ula de Barnum y de 1- iostand, sabe lo ue vale una reclame bien organizada, y se pasa los días discurriendo cosas para que la Prensa se ocupe de ella. Vosotros pensaréis que con cantar bien ya estaba despachada, ijero es que aquí las cantantes tienen que buscarse la celebridad por todos los caminosmenos por el del arte. Hace falta el ruido, el bliiij. la noticia sensacional... Mary- Garden, que es yanqui y no lo i) uede negar, advirtió que las damas del Faubourg, las aristocráticas propietarias de palcos en los días de gala la hacían la cruz. Y Mary- Garden comprendió que el protestantismo no acababa de convencer á las parisienses linajudas. Pero para una yanqui con ríñones, la cuestión religiosa no tiene importancia, y hace poco tiempo nos anunció su próxima conversión al catolicismo. Esta conversión no cabe duda que es sincera. Marv- Garden se hará católica y... seguirá cortándole la cabeza á San Juan todas las noches. Porque esta temporada ha venido á París á crear la Salomé, de Strauss, y á bailarnos la danza de los siete velos... con la menor cantidad de velos posibles. Y mientras nosotros en la iilatea presenciamos la representación de la ópera, unos cuantos elegidos se enteran de lo que ocurre entre bastidores, que es bastante más divertido que asistir á la decapitación del Bautista. Sí... Mucho más... Uno de los directores de la 0 era, el Sr. Messager, ha puesto sus miradas jiecadoras bajo los velos de Mary- Garden, y madame Messager, que se ha enterado pronto, vigila desde las bambalinas. En los entreactos suele haber discusiones, gritos, síncopes, y alguna que otra vez hay sus tirones del añadido... Noches pasadas, Mary- Garden y madame Messager, frente á frente en un pasillo, comenzaron un divertido discreteo de salón, tan cortés, tan fino, tan elegante, que cualquiera diría que ambas madamas acababan de dejar á la puerta de la Opera las respectivas cestas de rábanos... La sesión terminó con unas cuantas bofetadas y una serie de arañazos... El campo oueaó sembrado de postizos, horquillas y piedras falsas... Momentos después, Mary- Garden, en escena y con la cara como una falsilla, bailaba la danza de los siete velos... M. Messager, retorcidos los bigotes, dirigía la orquesta... Y nosotros, en la butaca, nos sumíamos en honda i meditaciones... JOSÉ JUAN CADENAS.