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y abalanzó el busto fuera del tragaluz; los vahos monteses de una noche agosteña subían de la tierra caldeada perfumando las negruras; la bóveda de la noche estaba ciega y á ratos la hería el latigazo luminoso de un relámpago. ¡El agua, el agua, bendita sea el agua! clamó el viejo, y fué alborozado al mechinal de su hija á darla parte de su alborozo. El agua, el agua; viene la tronada y subirá el rio entró tartajeando. Entró á tientas y sus palabras se perdieron sin respuesta; hizo luz y paseó los ojos enloquecidos por la soledad de la estancia. Bajó al zaguán y vio la huella tibia del cuerpo del tullido sobre los sacos apilados y el viejo portón entreabierto, he- ción espantosa que la clavó en el alma el conocimiento de que en el mundo había miserias más hondas y lacerantes que las miserias del molino. Caminaba febril y desmayada; el camino que pisaba vengaba sus ingratitudes escupiéndola con barro en los pies desnudos. En las laderas monteses buUía la sonata otoñal de la hojarasca caída y de los regatos rebosantes. En la linde del molino menguaron los esfuerzos de la moza ante el bataneo de las aguas, que era acusación á sus oídos. El batiente de madera acorchada y fallebas, enmohecidas cerraba la entrada al hogar abandonado. La moza cayó desvanecida en el poyo de JT -ljr. raido de su desdicha, bamboleándose pausadamente, alzando un gemido de bisagras herrumbrosas. La desesperación le dejó rígido y mudo, con los ojos clavados en su sombra que la luz agonizante de un farolillo cstira. ba grotescamente sobre el tillado centenario. Y en tanto la moza huía buscando nuevos horizontes, aLraí la por el tullido y dejando la honra en jirones entre los zarzales del camino. Como una befa de la suerte, como una risotada deb sarcasmo, comeiizaron á sonar imas gotas densas al batir los vidrios polvorientos del molino... II Al caer las hojas, volvieron las nieblas á entoldar las angosturas del desfiladero, y el arroyo, atorrentado por las lluvias, á aporrear con sus épicos clamores los ecos de los altos acantilados. Por un sendero, ribereño del río, caminaba aguas arriba la hija del molinero á la luz menguada del atardecer. Era el sendero poco hollado y bien ensombrecido y por él huía la moza la vista de la gente y velaba en el crepúsculo su vergüenza. Unos arrapiezos que golosineaban rnoras en los zarzales, la vieron y cuchichearon maliciosamente Es Magdalena la inolinera, que se escapó con un manco, y después de pena se murió su padre La moza ni los vio ni los oyó; venía agobiada bajo el peso de la deshonra y marchita por el azote de la miseria. Venía flaca y terrosa, con los ojos escaldados, la gentileza del talle perdida y con una desplaDIBUJOS P E MÉNDEZ BRINGÍ pedernal, testigo de sus ensueños. El alma la aleteaba en el cuerpo como queriendo escapar de aquella cárcel miserable, y el cuerpo enfermizo alzóse febril y golpeaba desmayadamente, con esfuerzos de delirio, el batiente acorchado. Contestaba á los golpes, dentro del molino, la voz de las aguas, hosca y amenazadora. La moza golpeaba y el portón defendía la en trada asiéndose al asperón de las jambas con sus viejas uñas de hierro. El portón leal defendía una memoria mártir de las profanaciones le la ingratitud; la voz de las aguas seguía acusadora y en el alisal aledaño un pájaro herido piaba desesperadamente. La moza, agotada de forcejear con el portón y dándose cuenta de la realidad aterradora, volvió á andar la senda ribereña aguas abajo. Y entró por la mies recogida, pisando los pajotes secos, y cayó en el umbral del humilladero de la mies. Las hermosas guedejas castañas, que eran la sola reliquia de sus galanuras pasadas, cubrían la marchitez de su rostro y bebían el amargor de sus lágrimas. En el humilladero, un Cristo hierático, de talla tosca, endoselado por la vegetación parásita, miraba tristemente á aquella flor montes arrastrarse marchita por los húmedos lastrones del pavimento. El Cristo hierático de la mies era el Dios de la misericordia infinita, y al mirar á la moza sonreía tristemente clavado en el Santo Madero... JOSÉ M. a A Ü U P R F Y ESCALANTE, DR NUESTRO CONCUASO DE CUENTOS. LFMA: CANTABEIt