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Luego es ella: cuando cumplido el deber social de acompañaj á la familia nuevo tardes, desfila la gente y no vuelven á ver en nniclio tiempo nadie que los acompañe ni se ijrcocupe poco ni mucho de consolar sus penas. Entonces debes suplir con tu asiduidad y tu cariño la ausencia de ios demás. Tn amiga lo recordara siempre y te agradecerá que hayas participado íntimamente de sus penas como compartido otras veces sus alegrías. Y vam. os, cueriaa sobrina, ya que con lo dicho puedes aconsejar á tu amiguita sobre lo que te ha consultado, vamos á la parte alegre de tu carta. Conque madrina? Ur Comenzaré por tranquilizar tus escrúpulos. Xo me parece mal, como temes, que hayas aceptado esa misión. ¿Por qué lo ha de censurar? En esto la voluntad de la familia es la ley, y aun cuando iiarecía lo más indicado que al primer hijo de tu primita Elisa lo apadrinaran sus abuelos, como esto no es ninguna regla invariable y los padres del recién nacido quieren que seas tú madrina, en lo que los propios abuelos se muestran gustosos, según me dices, no hay para qué poner reparo alguno á tan acertada elección. Además, encuentro que te otorgan muy justos títulos para el cargo las circunstancias, puesto que tú le has bautizado en realidad. Sé por tu madre, que me lo escribió hace tres días, que el chiquitín que nació tan hermoso se puso tan malito á las veinticuatro horas, que creísteis que se os quedaba entre las manos, y que tú te apresuraste á echarlo la llamada ac iia de socorro. Te felicito por tu oportunidad, que te ha proprocionado ocasión para administrar un sacramento, tan válido, administrado por tu mano, coiuD si lo hubiera hecho el DIBUJO DE M E D N VERA mismo cardenal y arzobis o de Toledo, primado de las J- si) añas. Va sabes Cjuc soy una autoridad en estas cosas y que tu tío siempre me ha llamad. o en broma la teóloga por lo que me ha gustado instruirme en estos asuntos de la Iglesia, hin caso de apremiante necesidad, pueden bautizar los que no son sacerdotes v hasta los herejes y los paganos y el sacramento es válido. Por consiguiente, tu sobrinito está crfectísimainente bautizado por ti, v el sacerdote no hará en la iglesia más que las restantes ceremonias, á menos que lo haga siíb conditione. Va ves! Hasta me sé los latines que son del caso. Esto de sitb conditione quiere decir condicionalmentc, ó sea por si acaso no ha sido bautizado como Dios manda, y á este propósito voy á referirte un suceso que contaba mi padre. Después de ejercer su ministerio por muchos sitios durante bastantes años, un sacerdote obtuvo una mitra y fué á regir la misma diócesis en que había nacido. Hallábase el prelado de visita en casa de una de las principales familias de la capital, y una; ancianita que estaba presente, hablando del júbilo que experimentaba al tener de obispo á aquel señor, dijo: ¿No me he de rep ocijar si por una rara casualidad fui yo míísma quien bauticé á su ilustrísiiua? Como que ñor mí se llama Antonio, porque yo siempre he tenido gran devoción á esc santo. -Es curioso- -dijo el prelado. ¿Y se acuerda usted del caso, á pesar del tiempo transcurrido? -Como si fuese ahora. Yo conservo una memoria privilegiada. Todos confirmaron este don de la anciana señora, y el obispo continuó: -De modo que se acordará perfectamente de la forma en que me bautizó, -Ya lo creo. ¿Y cómo, cómo dijo? -Pues dije: ¡Yo te bautizo, en el nombre del Padre, del Hijo y de San Antonio bendito! -Pues siento tanto decirla que no me bautizó usted bien, porque San Antonio no tiene categoría de Espíritu Santo, Respecto del nombre, me abstengo en absoluto de proponerte ninguno. Eso ha de ser á vuestro giisto, y sólo me permitiré recomendarte que tengáis caridad con el recién nacido y consideréis cpic k vais á imponer un nombre para toda sii vida, sin contar con su voluntad. No le condenéis á la ridiculez. Eea encuentro la costumbre de algunas localidades de poner á los niños el nombre del santo del día, sea cual fuere, porque por este procedimiento resultan los Rufos, los Mclitones, los Onofres y los Cucufatcs: pero no me parece menos rara la afición á rebuscar nombres románticos- ó altisonantes, que luego vienen á restútar ridículos en la persona que los lleva. Prescindid, si es pc. ible, del Raúl, del Manfredo v del Wálfrido, á que tanta afición hubo algunos años, y pensad que entre los nombres usuales y corrientes los hay muv aoradables, exentos por conipleto de toda alambicada cursilería. No necesito decirte nada sobre los deberes que contraerás con tu ahijadito. Dios querrá que le vivan sus padres, que sabrán educarlo perfectamente, pues sólo en su defecto tendrías tú que suplir esta función importantísima. Respecto de los trapitos de cristianar v de la capa de cachemir aue le regalas, me parece perfectamente, así como la medallita de oro con la fecha de su bautizo. Ya sabrás que contraes parentesco espiritual con tu ahijado y que no te podrás casar con él sin dispensa. No creo que e. sto te preocupe, porque supongo que no entrará en tus cálculos casarte nunca con un hombre á quien llevas diez V ocho años de delantera. diós. Consuelito; que te aburras lo menos posible en este triste novenario y que te diviertas en grande en el bateo, te desea de todo corazón t a tiíta, CLAUA- Por la copia, C. L. DE C.