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EMILIO SALA Y F R A N C É S p I ilustre pintor, cuya muerte constituiré tina verdadera pérdida para el Arte Nacional, deja, con su recuerdo, uno de los ejemplos n: ás admirables de laboriosidad y de entusiasmo, virtudes precisas para formar la personalidad de un artista. Con decir que hasta su postrer momento no abandonó el pincel, su t í t u l o de trabaj ador infatigable qu e d a r í a justificado. Pero h a y que añadir, para enaltecer su labor como- se debe, que ella íué de constante lucha, pues siempre estuvo dedicada á explorar nuevos caminos, abandonando los ya conquistados. -en insaciable deseo de renovación y de perfec cionamiento. Hubiérale b a s t a d o para sostener su- fama, continuar, al amíjáro de sus primeros éxitos, por la senda donde los conquistara; pei- o él era, como todos los g r a n d es artistas, un gran inquieto, y esta inquietud le llevó á seguir luchando... Y aquí debe darse á la lucha el sentido que tiene en el mundo de la idealidad, ya que el de conquista de lá posición y del nombre, no sería aplicable- con justicia. Porque Sala, desde sus primeras- obras, y sucesivamente logró la admiración y cl respeto de la crítica y del público, únicos enemigos que el artista ha de vencer con sus nobles armas. Así se comp r e n d e perfectamente cómo la labor de Emilio Sala no se limitó á la producción personal, sino que se extendió también al magisterio. Mas no era su temperamento á propósito para enseñar solamente lo que hay de material en la pintura. Pensando siempre en lo que puede inspirarla y ennoblecerla, su enseñanza se remontaba á las bellas teorías, á las grandes ideas estéticas, únicas fuentes donde apagar las ansias del espíritu. Y fué el suyo un magisterio de eterna recordacióii en nuestra historia artística, que agrupó en torno á la figura entusiasta y persuasiva d e 1 maestro, nutrido grupo de discípulos, de aprendices y de oficiantes. No hace todavía mucho tiempo se consagraron oficialmente esas sus soberanas apt i t u d e s, otorgándole la cátedra de Estética del color, de nuestra Escuela de Bellas Artes. También es de ayer su Gramática del color, libro rebosante de ideas, que causó gran sensación en los círculos artísticos, originando vivos comentarios. Emilio Sala nació á la vida del arte cuando la pintura histórica estaba en todo su apogeo. En ella obtuvo los primeros triunfos con obras que demostraban la riqueza de su paleta, y la gran cultura exigida por el género. Merece citarse su Guillen de Vinatea ante Alfonso IV, medalla de primera clase en la Exposición de Madrid, que figuró también en la de París. La expulsión de los judíos, última de sus obras de esa clase, fué premiada en Berlín con la más alta recompensa. Sería innumerable la lista de ios cuadros de distinto género que produjo después, entro los cuales se destacan los pintados durante su estancia en París, donde vivió algún tiempo. Hizo también magníficos retratos y verdaderas maravillas de pintura decorativa, c o m o l a Alegoría del Renacimiento del palacio de Anglada, los techos del palacio de la infanta Isabel y del café de Fornos. La muerte le ha sorprendido precisamente cuando trabajaba en el decorado del nuevo Casino de Madrid. ÍÍL. NCO y NEGRO que Emilio Sala. Una de las pintaras decorativas del nuevo Casino de Madrid, última obra Cíe Sala. se honró tantas veces con la firma de Emilio Sala, se inclina con verdadero sentimiento ante la tumba del gran pintor.