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w i antes, de lejos, ruinosa abadía, S resto y vestigio de un siglo de hierro, vi con horror tu silueta sombría sobre la mota pelada del cerro, hoy que, al isar con respeto tus losas, quiero evocar lo pasado en lo inerte, siento en el alma ese amor que las cosas en venerandas reliquias convierte, y algo en ti encuentro de grande de augusto, pues tu osamenta, que al tiempO resiste, tiene un aspecto más grave Cjuc adusto y una expresión más serena que triste. T ú eres Castilla: su espíritu noble, rudo y austero, solemne y altivo- -que es pedernal y es granito y es roble- -en tus sillares consérvase vivo; y al palpitar encerrado en tu ruina- -u r n a de piedra que intacto la guarda- -es como el grano que se abre y germina bajo la tierra monótona y parda. A u n para mí, que de nuevo en la mente tal como fuiste pretendo evocarte, al resurgir, al conjuro obediente, vuelves á ser maravilla del arte. Au. n el qu. e asedian sus bravas asiones halla en ti puerto seguro y tranqui io; aun contra el odio reclamas y opones tregua le Dios y derecho de asilo. iJando á su cargo prestigio y decoro, como en tus áureas, gloriosas edades, pueden aún á las Cortes y al coro báculo y mitra llevar tus abades. b ntre el rencor, la barbarie y la saña se alza tu voz como aviso y protesta; sabes aún el milagro y la hazaña eternizar en la prosa y la gesta. Aun á tu nombre se turba el hereje, aun al infiel tu odcr intimida, aun en tu claustro se trama y se teje toda la urdimbre que forma la vida. Templo en la az y castillo en la lucha, de héroes y santos las crónicas llenas; ciñen tus monjes almete y capucha, hay en tu torre campanas y almenas. i Alma española de asceta y gucrrc- o, en la oración 3 el combate templada, tu fortaleza y tu fe son de acero, como la hoja y la cruz de la espada! M A N U E L DJÍ SANDOVAL. IJO ÜE a. VAIfEl- A