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CRÓNICA GRÁFICA D e p i t a m o s lo que tantas veces bemos dicho en este mismo sitio al re señar la jura de la bandera; es una fiesta que lleva en sí misma la solemnidad, y basta con nombrarla para hací r su mejor reseña. Al esplendor de la ceremonia celebrada este año en Madrid contribuyó, como tantas veces, el sol que lució en un cielo de primavera y templó el ambiente, después de una ausencia de varios días, lamentada por todos. Es un gran patriota el sol, y no podía faltar á un acto consagrado á enaltecer á la patria. Confortado con sus caricias, un enorme gentío se apiñó en la glorieta del Marqués del Duero, donde había de verificarse la jura, extendiéndose luego á lo largo de la Castellana para presenciar el desfile de las ti opas, que fué tan hermoso como siempre. S. M. el Rey y su augusta esposa, la familia Real y todas las autoridades presenciaron el acto, siendo obieto los Reyes de sinceras manifestaciones de afecto. Y aun que siempre resulta conmovedor el momento de la jura, este año parecía causar más impresión en el público. S e g u r a m e n t e entonces recordaron todos, al ver acercarse á los reclutas emocionados á la enseña de la patria, que aún no hace mucho vimos el her í mo cou que nuestios soldados cumplían su juramento. Contribuyó tal vez áeste piadoso recuerdo la presencia de un grupo de moros, situado junto á la tribuna regía, á quienes acompañaba el ilustre general Marina. Eran los bravos cabileños d e Quebdana, de Bocoya, de Guelaya y de BeniUrriaguel, que en El obispo de Slón y el general Bascaran, gobernador militar de JVIadrid, la última campaña dieron numeen la jura de banderas. rosas pruebas de su amor á EsFot. Rivcro El duque de Nájera, fallecido en Madrid, S. Jtt. el Rey y su Estado Mayor en la jura de banderas. 3? ot. Eivero