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K- mt u fi pg üLTino B Q alicia se despoblaba. Los barcos salían de los puertos abarrotados de emií rantes. PQTO no era la potreza la nrip LD 5 DETECTIVES JRíP r 7? 35 wt 3 r EN EL FONDO DEL MAR sin d f ulador) habíase propuesto, tP- n P ii con la niñez gallcRa. Tan sólo Mon teio Ríos y Cobian estaban tranquilos porque las? h- í s cuarenta, y tantos hijos poníalos I salvo de aquella epidemia estrano- uladora l o r o si estos señores estaban tranquilos, los demas habitantes temblaban y huían. e Cierto día un iicriódico de la comarca casti- ada por el terrible criminal cayó en manos de Xic- empujaba a aquellas gentes hacia países remo os 1. a causa era otra muy distinta. Aquellas familias que llevaban, todas consio- o tiernas criaturas, huían por terror co si. o ¡Por terror; sí! Cuatro ó seis meses hacía que un terrible monsrodonh- I í i feroz eí ranf dor de niños, mclodeaba por los apacibles lugares sí- alleeos El asesino aparecía de i -onto en una aldea, v. chico de lies anos ue veía, chico que cstramvulaba, deiaii o oculto en el próximo bosque ti cadáver descuartizado (le la criatura. iíl pánico cundía ¡lor los campos. I os nadres que tenían hijos de corta edad temblaban de espanto, iil rracjamantecas (nombre con c uc el puc- i- ery- (jut. t e i 11 Die. palabras t a s tei í k v í A uevas hazañas del Traqamantccas. -Míxs niños estran- ulados. -ra asesino no deja h u e ü a s C TM! tura imposible. Al leer este último epí- rafc. Xicanor dio un salto de emoc, on (y d. e metro y medio) exclamando citspues con irónica sonrisa: N x r r ííf o- ii r ni g- t