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NIC- PERr- CUTj DLPBTJÜLTino B Ic 6 DETECTIVES LA TRAGEDIA DEL EDEN- TEATRO ic- Pery- Gut había oído hablar mucho de Kaffles. ín novelas por cuadernos, en l) ras dramáticas, en todas partes aparecía el sagaz bandolero verificando las más sagaces aventuras. El rey de los bandidos era la constante obsesión de Nicanor. No comprendía nuestro detective cómo el intrépido ladrón jdía engañar tan fácilmente á los célebres sal) uesos yanqui. s. En más de una ocasión cruzó por la mente de l ércz la idea de embarcarse con rumbo á los Estados Ur idos para demostrar allí, echándole mano al tal Kaffles, que no está tan atrasada nuestra policía como muchos suponen. ¡No me la daría á mi tan fácilmente aíjuel granuja! -exclamaba con irónica sonrisa el l) ueno de Gutiérrez. -Por lo visto, en América la gente es tonta. En seguidita se me escana á mí un bandido porque se oculte en la caja de un reloj de pared... Yo le encuentro aunque se oculte entre las tapas de un J oiigines extraplano... ¡Si yo tuviese dinero... i La dificultad con que Nicanor tropezaba ara ir á Nueva York era la dificultad de siempre. ¿Dónde iba él con 14 duros c ue le quedaban después de realizado su importante servicio del cuarto gris... ¿Cómo ponerse en camino con aquellas 70 pes. etas que e! dueño de la Casa de Vacas le había entregado para que no le denunciase á la Comisión de Higiene... ¡Imposible de todo punto verificar la captura de Raí fies... ¡Tan fácil como él la veía I Nicanor, desesperado, encendió una colilla y púsose á pasear con bastante agitación. De pronto, una idea luminosa cruzó su cerebro. En la imposibilidad de partir hacia las Américas del Norte, partió con rapidez hacia las Américas del Rastro. También por allí (lel) ían merodear ladrones ó, por ¡o menos, rateros famosos. Nicanor sentía la necesidad de detener á alguien. Soííaba con una caj) tura difícil. La nostalgia de una aventura de nersccución de bandidos, aventura llena de misterios y dificultades, le atormentaba el alma. Pero su anhelo al fin se vio cumi) lido. Su genial idea de visitar la Ribera de Curtidores ¡roporcionólc la codiciada aventura. Un vendedor de hierro viejo quejábase ante otros compañeros de las frecuentes raterías que en. su miserable tienua se verifical) an. Todos los traperos de los puestos inmediatos atribuían tan frecuentes robos al Morros de uva, especie de Raffles chico c uc tenía consternada toda aquella barriada. Nicanor, con pretexto de comprar dos picaportes y contrapeso para la lámpara del comedor, acercóse á la tenducha en que los traijcros hablal) an y pudo enterarse de cuantos antecedentes le eran precisos. El Morros de uva era un mozo de cuidado. Listo como pocos, lo mismo mataba un becerro en el puente de Vallecas que representaba el a el de protagonista de La capilla de Lanusa cu cualquier función de aficionados, á beneficio de una viuda sin hijos y con marido. Morros de uva, en los momentos de ocio, dedicábase al robo con bastante fortuna. Al rincipio sus raterías fueron insignificantes, y con cumplir quincena estaba al cabo de la calle (al cabo de la calle de la Princesa) Pero poco á poco fué avanzando, y sus robos adquirieron mayor importancia. Se tenían noticias de varios golpes audaces dados por el Morros y que le habíanvalido una fortuna. Se hablaba de estafas al Banco, y no faltaba quien decía que el antiguo ratero del Rastro hal) ía pasado una temporada en París al lado de AL Duez, donde había aijrendido lo suvo. J o cierto era que desde que el Morros de uva habíase convertido, si no en rey de los ladrones, por lo menos en príncipe heredero, nadie había logrado echarle la vista encima, ni menos detenerle para encarcelarle. La alegría de Pérez al conocer esta última noticia fué inmensa. Porque pocos días antes había Nicanor tenido un soplo que ahora parecía ligar con estos antecedentes del Morrifos. En el lujoso Edéi: Teatro cine con pretensiones, que se alzaba en uno de los más apartados barrios de la capital, había debutado, noches anteriores, una lindísima tiple, célebre por la escasez de su voz y la al) undancia de sus alhajas. Mientras la actriz representaba sus paneles en el escenario, las joyas quedaban en su cuarto á disposición del que, teniendo audacia bastante para dar un cogotazo á la fingida madre de la tiple, hubiese entrado en el camerino dispuesto á cargar con ellas. Temiendo el golpe. Nicanor había recibido un aviso notificándole que algo se intentaba en dicho sentido. La estupefacción de Pérez fué terril) le cuando en el cartel del Edén- Teatro vio anunciado para la noche siguiente el estreno de una obra, original de dos ai) lau (lidos autores, y el debut de un primer actor desconocido hasta entonces. -Vo necesitó más datos el vehemente Pére. Con su sagacidad policíaca adivinó toda la trama. El actor debutante era, sin duda alguna, el Morros; sus aficiones dramáticas permitíanle haber en los ensayos demostrado condiciones artísticas. IL plan def bandido estaba adivinado. Entrando en el teatro podía visi-