Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
qucza que la particulariza y c uc nosotros tanto a d m i r a m o s L a gente viene á París á divertirse, pero yo vengo á hacer sport nos dijo la infama. En verdad, cualciuicra la confundiría con una colegiala sajona al verla matinal caminar las exte! sas avenidas del Bosque de Bologna, cuando no ú pie, en bicicleta. Su silueta fina y juvenil se pi de rápida entre la neblina húmeda y azulada que da al paisaje matinal una vaporosidad de tules y nn misterio de ciudad desconocida ó de paisaje lejano. La infanta tiene la costumbre de levantarse lodos los dias á las siete de la mañana, á pesar de (ne en esta época de invierno las mañanas son lan ol) scuras que equivalen ú un anochecer. Después de haberse sometido á vin tratamiento terapéutico en el que fi gura el agua fría, y de haber despachado su correo, continúa el ejercicio físico al aire libre, hasta la hora del almuerzo, en (jue vuelve á su casa disfrutando de la gran satisfacción ue procura, no sólo el bienestar corporal, ino también el que proporciona á una princesa, haber pasado inadvertida entre la multitud de esta gran ciudad. Todas las tardes la infanta dedica una hora á recibir á sus amigas; allí, en una intimidad de amabilidad y afecto que dista del frió ceremonial de los grandes palacios, vemos desfilar á aristocráticas damas y á ricas americanas, las que profesan gran deferencia á la infanta. E n las noches, rara vez sale de su casa; jamás se la ve en teatros y bailes; si alguna vez rompe esta regla es cuando se ve obligada á aceptar alguna invitación á comer, lo que le permite retirarse del mundo á una hora temprana en la que el París nocturno despierta á la vida. X adie ignora y muchos aprecian la intelectualidad de la infanta, su cultura y buen gusto literario así, no nos sorprende saber que las largas veladas de los saraos de las mujeres elegantes, la infanta las consagra á la lectura, la cual no se reduce á los libros castellanos, pues varios idiomas extranjeros le son igualmente familiares que el l) ropio. Su Alteza Real la infanta doña Eulalia no es ajena á la bondad que toda princesa debería tener l) ara con el público, y amable y cariñosa, llena de animación y vida, acoge con extrema benevolencia á los cjue se le aproximan, conquistándose así grandes simpatías. Pero antes que todo, es una mujer bella, elegante de gran corazón, incapaz de negar un ser, vicio á los que acuden á ella. EVANGELINA. Su Alteza la Infanta Eulalia en el escritorio de su hotel, de Paria, con nuestra colaboradora t v a n g e l i n a