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1: Vi, LA ALEGRfi DE LEER tín esos instantes le invencible ledicj. euando) a el hastio me domina en pluno y el mundo á mis ojos parece u n desierto, y nada me importa, ni ansio ni espero, y huyendo de todo busco en el silencio ía paz inefable del recogimiento, el libro es mi oasis, el hbro es mi templo. Conforme en sus páí inas me voy abstrayendo el m u n d o en que vivo va quedando lejos. Se esfuman y pierden casi por completo usos y costumbres, personas y objetos, y olvidando el mío, vulgar y pequeño, gracias á los libros vivo un mundo nuevo. Mundo en que conozco mil seres diversos, tipos de belleza y encanto supremo, grandes como nuncF soñarse pudípron, 3l -r ti- J: íV lAt i5 y o- tr- os tan deformes del auna o aei cuerpo, que inspiran espanto, que producen miedo, i P e r o todos grandes, monstruosos ó bellos! i Ah, seres grandiosos, creados por genios, tan sólo en los libros logré conoceros, pues sólo soñados podéis ser perfectos! ¡Amantes sublimes, terribles guerreros, almas candorosas, furias de los celos. que ratos tan u pasar me habéis nechoi! Beatriz y Laura, Julieta y Romeo, D e n Quijote y Sancho, Cuasimodo, Ótelo, Nana, Margarita, Melibea y Hero, Cosette, la Maslowa, Don Juan, Rigoletto, viles Rinconetes, bravos mosqueteros, héroes fa. ntásticos, cuánto bien os debo! i Porque en esos días de invencible tedio, gracias á vosotros viví u n m u n d o n u e v o! CELSO L U C I O