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MUJERES DE PARÍS. GABY DELYS p s bailarina, tiene tres millones de francos, un automóvil que parece un boiidoir. un collar de trescientos mil francos y... peluca... Sí, señores, peluca... l orque la Srta. Gaby, que tantas cosas tiene... en cambio no tiene pelo. Su amigo hasta hace poco era un joven millonario artjentino, buen mozo y dadivoso. Oaby le adoraba, pero á su modo, naturalmente. El argentino s; enteró un día de algo que no le gustó y cortó la, relaciones... -Muy bien- -le dijo Gaby. -Vete cm Dios... Pero quiero que sepas que esa debilidad que tanto te ha disgustado no ha sido la primera... Oh, no! En su cuarto del tea ro refería Gaby esta con ver sación st prema, mientras se ajustaba el vestido de escena. Y sonriendo candidamente agregaba Créanme ustedes, amigos míos... ¡A los hombres hay c ue tratarlos asi! Yo no he f uerido más ue una vez y fui tan desgraciada... que ya no volveré á uerer. Como observarán ustedes esta criatura es un encanto y posee cuali, -des inmejoral) les para hacer la f licidad del homl) re más exigente. Jíl Rey de Portugal, en su reciente viaje, enamoróse de la cara de muñeca de (jaby una noche ue la vio en no sé qué teatro y... dicen que dicen... Xo hay (itie hacer mucho caso nunca de estas reales aventuras porque suele ser más lo uc se exagera... Yo recordaré siem re lo ue ocurrió durante la estancia, (le otro Monarca en París... Súpose que una noche fué á visitarle en su residencia del ministerio de X egocios una célebre artista... ¡Una nada más! i ucs iiien, al día siguiente recibían y acepta. ban las felicitaciones de los amigos tres actrices distintas... ílay ue suponer que dos de ellas, por lo menos, se daban tono de lo que no era... ¡Es osible que en el mismo caso se encontraran las tres; pero la murmuración y el afán de reclamo en París llevan lejos á la gen. te, Mas volvamos á la señorita Gal) y... Dicen que dicen que fué la p a i ó n del joven D. -Mamiel, y algún fimdamento deben tener esos c- cires norciue la señorita Gaby sostiene iiaa corresponüencia bástame f í trA -i. j í. ¿I iiiMli víífe. WhS seguida con la capital portuguesa. Cuando recientemente la Prensa anunció el viaje de la reina Amelia á Biarritz, la señorita Gaby comenzó á estar nerviosa, desasosegada... Faltaba á lo: er. sayos, buscalja to- dos los- ías pretextos para reñir con la emi) resa y se asal) a las horas en el telégrafo enviando desijacluis á JsiK) a... Por fin, una buena mañana nos enteramos de ue la joven danseusc iba á tomar unos días de de canso... Realmente lo necesitaba, porque estos trabajos de i) antorrillas son, en efecto, fatigosos... I ero cuando creíamos que la señorita Cíaby se retiraría á un florido rincón de la Rivicra, hemos visto que, por el contrario, se embarcaba en el sudexpreso y saría con destino á Lisboa... La reina Vmelia en Píiarritz, D. Manuel solo cu Palacio y (iaby camino de is 1) oa... ¡Pues msdditos sean los incoiivenieníes, cjue decía el baturro del cuento! Si alguna dud. a nos uedaba, el viajecito de hi bailarina la ha (lisi ado por completo... Pero la aventura ha tenido su lado cómico, según se asegura hoy en los mentideros teatrales, l arece ser ue cu Lisboa estaba todo preparado para recil) ir á la señorita Gaby... Llegaría de noche á Palacio, la guardia hal) ía sido revenida; un coche sin insignias la conduciría hasta las uertas... Las mujeres bonitas ¡ay! no suelen ser puntuales. y la señorita Gaby rolongó de tal suerte los cuida. dos de la toilette ue cuando llegó á Palacio era ya una hora avanzadísima, la guardia había sido relevada ¡or otra C uc igiioraba las órdenes circuladas y sucedió lo inevitable... Los centinelas dieron el aho, estalló la alarma, jjresentáronse los oficíales, luu) o idas y venidas, ijreguntas, confusión... Aterrada hi señorita Gaby UÍso retroceder; pero no faltó quien sospechó c ue inidiera tratarse de un atentado contra la vida del Soberano; encerráronla, hubo un momento de ánico, y, por último, mediaron explicaciones todo se esclareció... Media hora después el Palacio huno ase de nuevo en el silencio y los centinelas volvían á asear haciendo la guardia... Sóhí allá, en el primer piso, los dos balcones del gabinete de D. Maimel parpadeaban luminosos... Un criado servía el souper y el Monarca aspiraba unas ráfagas del exquisito perfume del bulevar... Los noctámbulos que desde la lejana ciudad alta vieran brillar á lo leios los dos balcones de Palacio min- murarían sin duda: ¡El Rey trabaja! JGSÚ TuAN CADENAS.