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NUESTROS CONCURSOS M E N S U A L E S EL D E M A R Z O i A i z A. J TILICA. sL M E: SFA, MOI: VA ¡iijiii i) t) tiiiw 1- 8 e aquí una de las cosas de que nos con. sidera mos orgullosos, con justicia, sin perjuicio de tenerla casi, casi en el olvido. Todos hemos convenido en que la mantilla es año a realza los naturales encantos de nuestras mujeres, en que sirve de marco apropiado á esos divinos rostros animados líor la mirada de unos ojos de fuego y por la alegría de una sonrisa... Y, sin embargo, nadie procura evitar su desaparición, ya observada y llorada por los amantes de la nota castiza. Porque la mantilla va desapareciendo poco á jjoco de nuestras costumbres, derrotada por el sombrero, que ha ido conquistando las lindas cabecitas donde sirve de adorno por imposición de las terribles leyes de la moda. Únicamente en los días tristes de la Semana Santa, en las tardes alegres de las corridas de toros y en algunos actos, pocos, de la vida íntima, la mantilla abandona su clausura y se exhibe orgullosa y espléndida, pareciéndonos entonces más admirable... Y el sombrero sigue triunfador, dominando como soberano absoluto en calles, paseos y espectáculos públicos. N o hemos de negarle belleza, sobre todo, cuando acierta á imponer un modelo; pero nuest r a preferencia está por la mantilla, que nos resulta desde luego más artística prendida con esa gracia inconfundible cuyo secreto sólo posee la mujer española. L a gente cree por esos mundos que todas las mujeres de España llevan mantilla, en cuya creencia colaboran los pintores y los poetas creyentes y adoradores de la nota castiza y pintoresca. Y así, al visitarnos, su desencanto es evidente. P o r lo visto, la mantilla española es un ideal, y, por lo tanto, n o puede vivir en la realidad. N o sólo des- aparece la mantilla valiosa y elegante. Hasta la mantilla corriente va camino del olvido, y sólo se refugia en las clases humildes como si fuera una falta de distinción y un signo de mal gusto. La sentencia es injusta y no sería inoportuno levantarla, devolviendo al clásico tocado su antiguo rango. Nosotros, á fuer de buenos españoles y de admiradores del arte y de la belleza, colaboraríamos gustosos en esa reivindicación. Como prólogo ofrecido á quien quiera intentarla, convocamos este Concurso de LA MANTILLA ESPAÑOLA para premiar á las tres concursantes cuyas mantillas resulten más airosas y artísticas p o r la g r a cia de la colocación y del prendido, á juicio de un J u r a d o de reconocida competencia, que se nombrará oportunauicnte. P a r a tomar parte en este Concurso, bastará enviar im retrato de la interesada, con la clásica mantilla, de busto y de un tamaño apropiado para poder examinar todos los detalles; tamaño, 13 por 18, p o r ejemplo. Acompañará al retrato el cupón que publicamos en la plana de anuncios de BLAXCO Y N E G R O Las concursantes designadas por el J u r a d o para los tres premios que ofrecemos, recibirán útiles y valiosos regalos como recuerdo del Concurso en que resultaron vencedoras, y BLANCO Y NEGRO se honrará publicando sus retratos, para que el público admire la bondad de los modelos y la justicia del fallo. El Concurso queda abierto desde esta fecha hasta el 31 del corriente mes á las ocho de la noche.