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Vi. 4 L. RKOJLX O LAURA. -Veo ciue conservas el humor... BERTA. -Querrás decir la frivolidad. LAURA. -Temia molestarte con la palabra. BERTA. ¡Pero si yo no me molesto por n a d a! ¿P a r a qué? Todo me sale por una friolera. Y ahora que me fijo... i Chica, chica! H a s decorado de nuevo el gabinete... Está lindísimo. L A U R A -F u é un regalo de Luis el día de mi santo. BERTA. ¡Pues digo! U n regalo espléndido: sillería, tapices, vitrina... L A U R A -L a vitrina es del cumpleaños. ¿Y aún n o la habías visto? Eso prueba lo mucho cjue me visitas. BERTA. -Aproximadamente, lo mismo que tú á mí. De modo que fué en tu cumpleaños... LAUR. V. -Sí; el año pasado me regaló el aderezo de zafiros y los tibores de la sala. B E R T A -P o r lo visto, tu marido es de los que regalan. LAURA. ¿El tuyo no? B E R T A -N i por casualidad. M u j e r! ¿Y cómo es eso? i AUEA. BIÍRTA- -Pues ahí verás tú. N o me regatea nada, satisface mis gustos y mis caprichos; pero jamás se da el caso de que me traiga de la calle un ramito de violetas. L A U R A ¿Y siempre fué así? ¿N o te regaló nunca, ni de recién casados? B E R T A -U n a sola vez... Verás. Fué mi primer cumpleaños, después de la boda. Yo esperaba, naturalmente, con la ansiedad de rigor, el regalo de mi marido. Llegó á la ho ra de comer, y observé que por el bolsillo del gabán le asomaba un envoltorio. ¡Y a está aquí el obsequio! pense al- g a b i n e t e elegante. L a u r a reclinada en un si lloncito, lee. Berta llega de la calle, interrumpiendo la lectura de su amiga. BERTA. (Desde dentro, á la doncella. N o se moleste en anunciarme; soy como de la casa. I L a u r a! ¿Estás por aqui? LAURA. (Dejando el libro precipitadamente, y levantándose para recibirla con sincero regocijo. ¡Berta 1 ¿E r e s t ú? ¡Cómo me alegro! ILice tanto que no nos velamos... B E R T A -V e r d a d vivimos muy lejos; los quehaceres de la vida de sociedad son m u c h o s recepciones, teatros, novenas, kermesses... Creerás que nos divertimos en grande, pero á veces resulta insoportable el ajetreo. E n fin, cuanto menos esté una en casa, mejor. LAURA. ¿T a n mal te va en ella? BERTA. ¡P s é! Ni mal ni bien. Me aburro, que es lo peor que podía ocurrirmc. I ero no hablemos de eso. ¿Qué lelas? L A U R A -U n a novela... Besos de almas... Jy i última producción de Coello, el novelista de moda. BERTA. ¿Y te gusta? Cuéntame el argumento. Me molesta muchísimo leer; no tengo paciencia y empiezo por el último capítulo, cosa que me hace perder el interés. En cambio, me gusta cpue me refieran los asuntos de las novelas. L o mismo me sucede con las obras de t e a t r o porque entre charlar y observar los vestidos, no me entero de nada. De buena gana tendría dos ó tres negros dedicados á leer libros, para que luego me lo contaran todo. E s decir, negros no, porque serán muy brutos y no sabrían explicarse: mejor era blancos. Pero entonces... ¡Ja, ja, j a Y a estoy diciendo tonterías.