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tender enmendarle su asombrosa obra... ¿Pues qué acaso dudáis de aue El sea equitativo, dando á cada cual su merecido, para realizar el supremo principio de justicia... ¡Es preciso ser más humildes, más cristianas, menos blasfemas... ¡Nosotras! -suspiró la hija impetrante. Nosotras que somos las burladas, las víctimas... ¡Pues por eso... Porque sois las escarnecidas no debéis castigaros... Cast ¡o- ad á los culpables á los autores de vuestras desdichas... ¡Aunque creédme, quiza sería mejor que rezarais por ellos... ¡Sí que rezamos, sí! -clamó brava la madre- -j j- ero es para que la maldición del cielo les alcance i esas flores... secad esos ojos... besad a. esa niña... ¡Enseñadla á reir y no á llorar... ¡Es verdad, es verdad... Las mujeres lloraban... lloraban... ¿Era de alegría... ¿Era de dolor... ¡Quién sabe... ¡Quizá se dieran cuenta de la tristeza inútil de su exist ir, y lamentaran los años nerdidos... ¡Quizá pensaran en sacudir su yugo doloroso y revivir, gustando de la vida... ¡Es tan bella la vida cuando no se. tiene interés en amargarla! Y cuando eii actitud alegre, en la actitud del hombre bueno que acaba de hacer una obra buena, el peregrino abandonó la torre, al volver la cabeza para íi f f 4- M; -Pues -I r e s no os acordéis icl rezo... ¡Es pre contemplar la silueta du- a v salvaje del edificio, reierible... cero acordaos de vivir... Acuérdate tú cortándose sobre un cielo de transparente azul, limmujer- -añadió señalando á la vieia con el bordón- -pio ya de nubes tronitosas y radiante de luz y de cade que no tienes derecho á dar solamente á estas lor, pudo ver en su puerta dos pañuelos que flameahijas la copa del dolor... Detrás de esas ventanas ban como en adiós de despedida; y escuchó una vo. siempre cerradas en huraña soberbia, en hosco reto cecita infantil que susurraba quién sabe qué, coreaa la humanidad, luce un sol espléndido que anima la da por unas risas... savia de los árboles y da vida á las criaturas. ¡Qué Las ondulaciones del éter, llevando al paisaje los es de todos y para todos... No quieras hurtarte á su ecos de aquellas carcajadas, parecieron estremecerlo mílujo, que es bienhechor v vivifica... ¡Abre esas despertarlo de su letargo... Diñase que las flores enmaderas, mujer... ¡Que veamos la luz... Que engalláronse ufanas sobre sus tallos... Que de las plantre aquí el sol... Las sombras, la lobreguez del ca- tas brotaba un hálito de vida... ¡El reinado de lo labozo, buenos son para los malvados... Y si alguna sombrío terminó... Los rayos solares, al chocar con vez el eco de una canción ó los arpegios de una oui- los viejos muros de la torre, se descomponían en irritarra llegaran hasta vuestros oídos, no escapéis al saciones multicolores... La atmósfera se perfumó mas recóndito rincón... ¡Acodaos sobre las ventanas como si las florecillas del monte deshojaran á uií y escuchadla en éxtasis, cual si fuera himno en vuestiempo, en holocausto, sus corolas olorosas... Y un tro loor... ¿Qué importa... El todo está en poner paj arillo cruzó raudo, piando alegremente su canenergía en la voluntad y alegría en el alma... ¡Regad ción inconsciente y eterna... DJBUJOB DE RPGIDOR FRANCISCO M O L J N A ESCRIBANO. OE NUESTRO CONCURSO Da CUENTOS. LEMA. C 0 NSTAN 8 ET PERPETUA VOLUNTA?