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esta noche, me he levantado y he ido al tenducho del prendero que me vendió el retrato. Me costó Dios y ayuda hacerle recordar dónde y á quién compró el cuadro. Por fin, después de mucho rascarse la cabeza y consultar un cuadernillo resobado que era su libro mayor, concluyó el hombre por caer en cuenta de que adquirió el retrato, hacia mticho tiempo, en una almoneda. Y al fin, al irme, me dijo estas frases, que han caído como sombras en mi espíritu: No me recuerdo del nombre del señor que me vendió las cosas, entre las que estaba ese retrato. Fué en una testamentaría... Un solterón que se murió... Los sobrinos vendían todo á escape... Creo que al caballero aquel le mataron, ó que se mató á sí mismo... Ya digo, no recuerdo bien, pero había sangre por medio. 28 Enero. El retrato ha asistido á la muerte violenta de un hombre. 29 Enero. De aquel drama, ¿conservara recuer- 5 Febrero. ¿Y no hizo bien en matarse? El mundo vale tan poco... 6 Febrero. Casi envidio el reposo profundo y tal vez consciente de los que han sido. ¡Cuan fácil es entrar en el imperio sin fin de la nada! Un leve gesto, la audacia de un minuto, de un segundo, un dolor momentáneo, seguramente más soportable que el sufrimiento de cualquier enfermedad, y ya se franqueó e! tremendo paso. ¡Cuan iioco meditan los hombres en eso! ¡Si reflexionasen... El retrato me mira benévolo. Ya no parece haber en sus ojos aquella acritud con que antes me miraba. El retrato y yo empezamos á comprendernos. 7 Febrero. He comprado un revólver. Mi casa está en un barrio desierto; á veces vuelvo tarde... Pueden entrar ladrones 3 conviene vivir prevenido. 8 Febrero. Mi revólver parece un juguete. Es pequeño, pulido, cómodo de manejar. Las balas anidan en sus alvéolos como abejas en un panal, y allí, dentro do el retrato? ¿Sabrá si su dueño (mi antecesor en su dominio) fué muerto ó se mató? 31 Enero. Sabe que se mató. A mi desconocido antecesor no le mataron. Se mató á sí mismo, como decía el prendero. Se suicidó. Y se suicidó porque... porque... No escribo más. Es de noche, estoy solo con el retrato que me mira, me mira y no me atrevo á reproducir el nombre que hoy he leído, medio oculto en un ángulo sombrío del retrato. 3 Febrero. Es él, EL. ¿Cómo no lo imaginé antes? ¿Quién sino él tendría ese gesto amargo, esa irónica mirada imperativa? Es él. El gran satírico que se ri 5 de todo con la fogosidad de su época, entusiasta aun despreciando. Es él, el incansable burlón, el que flageló á los cómicos, á los políticos, á los literatos, el que se ensañó con las gentes inofensivas, con los castellanos viejos, que, sin sospecharlo, eran ridículos. Es él, el que después de mofarse del mundo entero, un día, al choque de un desengaño de amor, vio derrumbarse toda la fortaleza de su ironía, y cobarde ante la realidad, se mató, se pegó un tiro, ocultando su derrota sentimental tras la mueca de una última máscara. Es él, EL. de sus celdas lucientes, reposan, esperando el gesto que les haga salir de su refugio y aparecer en el aire rápidas, zumbadoras, envueltas en un fulgor relampagueante y en unas ligeras nubecillas blancas. 9 Febrero. ¡Sería tan fácil... 11 Febrero. El retrato me anima con su mirada benévola. Parece decirme: No dudes, no vaciles más. Piensa en mí, y lo que yo hice, siendo quien era, ¿por qué no lo harás tú? Mi ejemplo debe darte valor. Es sólo un momento... Coges el arma, la a oyas en la sien (ahí es más seguro, se acierta siempre) aprietas el gatillo y... 12 Febrero. Sería tan fácil, tan fácil... Miro a, l retrato, el retrato me mira con insistencia, llegando con su fijo mirar hasta el fondo de mi cerebro, apoderándose de mi voluntad... moviendo mi mano que va á dejar la pluma y á abrir el cajón donde guardo el... El resto del cuaderno está en blanco. Solamente, después de los últimos renglones, dos ó tres gotas de un granate profundo han manchado la albura del papel. MAURICIO LÓPEZ ROBERTS. DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINCA