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D. José D. José Canaletas. i) C D. José Frenaos Rodríguez. jUI ay Josés y hay Pepes. No es perogrullada. Es qne hay Josés á quienes no se puede llamar Pepes j hay Pepes á quienes no se puede llamar Josés. Ejemplos: Canalejas y Echegaray. Llamen ustedes don José á Canalejas, y... ¡vamos! que no resulta. Pierde lo que tiene de simpático, de popular. Ha de ser don Pepe Canalejas. Llamen ustedes donPepe á Echegaray, y... ta. mpoco resulta. Tiene que ser don José Echegaray, Algo por el estilo ocurría con otro Pepe popular, que ya, desgraciadamente, ha fallecido: don Pepe Arana. Empresario de toros, como de frontones, como del Real, fué siempre don Pepe. Don José Arana no hubiera sonado tanto. Eloy, festividad de San José, irán á felicitar á don Pepe Canalejas sus amigos de siempre y sus amigos... desde el miércoles de Ceniza, día en que fué nombrado presidente del Consejo. Los primeros no olvidarán á Pepito. Los segundos, sí; porque no saben quién es. Una institución en aquella casa, el hombre de confianza, el alter ego de Canalejas. Pepito Urrutia, casi un niño, es á Canalejas lo que Morlesín fué á Cánovas, Pablo Cruz á Sagasta, lo que Barroso es á Maura. En su despacho de la planta baja del palacio que el jefe del Gobierno habita, en su mesa, junto á la estatua de San Francisco, de Querol, Pepito abre cartas y las ordena; Pepito escribe á máquina; Pepito recibe recados y sújjlicas de visitantes oportunos é inoportunos. Habla poco, observa mucho, entra en el despacho del jefe, trepa por la escalera que da acceso á las habitaciones del piso principal, habla con don Pepe- -porque para él no hay puerta cerrada, -torna á bajar... ¡Es el propio mercurio! Pepito, contesta á esta carta! -le dice don Pepe. -Y el secretario niño adivina en el gesto, en el tono, lo que ha de contestar. Pepito, saca cigarrillos! -y el simpático joven depositario del tesoro de habanos que Canalejas tiene para quienes le visitan, saca cajas. Ya sabe él qué marcas ha de sacar. Conoce á los obsequiados, Y no se equivoca en su clasificación. Y Pepito es uno más de la familia en el palacio de la calle de las Huertas, y en la villa de Otero, y en la villa Amparo, de San Sebastián. ¡Si será listo Pepito, que se las entiende maravillosamente con don Pepe, buceando, siempre discreto y siempre oportuno, entre aquel mar de taquígrafos, secretarios, pasantes y políticos que invade mañana, tarde y noche la casa del actual jefe del Gobierno! Son dos niños don Pepe y Pepito. El primero, por su corazón; el segundo, por su edad; pero dos niños de cuidado... ¡Qué sé yo. 4 caso por ellos dijo Jesús: Dejad que los niños se acerq- uen- á mí... En la categoría de José (don) figuran muchos personajes á quienes no puede aplicarse el sinónimo, y menos aún el diminutivo de éste. El don es indispensable, ¡y cuidado que á algunos nombres les cae mal! Citemos, para terminar, algunos Josés con don á quienes de paso deseamos muchas felicidades. D. José María Salvador, el sabio obispo de Madrid- Alcalá D. José López Domínguez, capitán ge 1 eral; D. José Aldecoa, presidente del Tribunal Su 7 premo 15. José Erancos Rodríguez, simpático alcalde de Madrid, y D. José Villegas, ilustre director del Museo, sin excluir á los citados D. José Echegaray y D. Pepe Canalejas. ÁNGEL M. CASTELL. D. José Echegaray. B. José L, 6 vo DoEnílií uca. D. José Aldecoa.