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r: I I íyi A 4 4 i l h tf I L gen los fabricantes para I paisaje; unas vaquitas I mpa antigua... Cuadros I, Vi confundir al oj) erador y cscasua de dibujt) ara que no tenga el amigo donde agarrarse- -Hay puzzle de ¡2.000 iozas... Esta cifra hará el encanto de los aficionados, pero parece un signo de locura. ¡Un signo do locura... No tendrá nada de particular que, dentro de poco, el cuadro de las perturbaciones mentales se aumente con una más, creada por la pasión del pussle... Eloy ya es una preocupación general, que ha substituido, con ventaja, á ciertas manías consideradas como inofensivas. No se hace ni se habla de otra cosa. Quién más, quién menos, casi todo el mundo se dedica al pussle; es objeto de conversaciones y comentarios; los amigos cambian entre sí ios de su pertenencia... Elay. quien no come ni duerme hasta dejar terminado el suyo; hay quien ¡o saca en varias sesiones. Y hay, también quien los fabrica para su uso, provisto de la correspondiente sierra de pelo que ha resucitado de sus propias cenizas oara estas nuevas labores de marquetería. Estos últimos desvirtúan un poco al pussle, cuyo verdadero encanto consiste en que se ignore lo que trae en el pico. ¿Hay placer comparable al de un aficionado, cuando ante un enorme montón de piezas, piensa: ¿qué saldrá de aquí? y no sabe por dónde empezar á colocarlas? Lo más gracioso es que se pone uno á sacar un. pussle y no falta, según costumbre, una persona formal y juiciosa que se le acerque y le diga: -Pero hombre, ¿es posible que tú también te dediques á estas tonterías... Inmediatamente, la misma persona añade: -No. Esa pieza no es de ahí. ¡Y se entrega también á la dulce tarea! Es cosa comprobada. En cuanto hay uno, dos, tres ó más espectadores, ya hay cuatro manos, ó seis, ú ocho, ó más buscando piezas. El piissie es contagioso. ¡Este, y no el antiguo, es el verdadero rompecabezas! ¡Bendito sea el pussle, que ha venido á aumentar las preocupaciones de nuestra época, sobre todo, entre las gentes que por nada se preocupan. GIL P A I R A D 0 A calió de preguntar á un amigo, que po ee el in giés á maravilla, el significado exacto de esta jjalabreja que está de moda actualmente en el mundo entero. Y bajo su responsabilidad- -que haré mia si fuera preciso- -voy á estamparlo aquí, seguro de que, hasta los que no lo encuentrcji muy gramatical, lo hallarán muy expresivo y, por lo tanto, admirable. Pits. dc significa intríngulis i Vaya si tiene su intríngulis, es decir, su intención, que á veces resulta desesperante, este noble juegx) que ha invadido á Madrid con tanta fuerza como uña de sus clásicas epidemias, después de pasar en triunfo por París, Londres, Nueva York, Tokio, Roff. a, Buenos Aires, Berlín, Managua, Cuenca, Burdeos... i En todas las capitales, grai: des y chicas, del universo, el puzdc ha conquistado el corazón de las gentes que á su cultivo se entregan fervorosas 3 apasionadas! Empezó siendo un manjar para las clases ricas, como todos los inventos; ya ha empezado á ponerse c 1 condiciones de ser adquirido por la clase media; no tardará en abaratarse para que lo adquieran hasta los seres más humildes... ¿Desaparecerá entonces de la circulación... Es posible, porque todas las cosas siguen el mismo camino, si bien ésta tiene, por su naturaleza, asegurada una larga vitalidad. El pusdc no es una invención de nuestros días; es una obra clásica refundida por un espíritu conocedor de este nuestro tiempo, cuya misión principal, como nadie ignora, consiste en complicar la vida... Porque el pussle- -hora es ya de decirlo por si hay quien lo ignora- -no es más que el antiguo rompecabezas que entretuvo los tiernos días de nuestra infancia, con la pequeña diferencia de tener una infinidad de piezas caprichosamente cortadas y sin modelo que sirva de guía al confeccionador... ¡Una tontería! como dicen los clásicos. Aquellos cubitos de cartón con sus seis caras útiles para otras tantas combinaciones hechas en presencia de las estampas respectivas, quedarían avergonzados ante estos modernos trozos del pussle que forman intrincados arabescos, los cuales hay que ir engarzando sin más guías que el instinto y la paciencia.