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SS. AIM. D. Alfonso y D. Victoria en Tablada presenciando desde la trib la fiesta de acoso y dei- ribo de reses bravas. Fot. Domíjjguez, ijada á Madrid de los príncipes japoneses Fushimi, si bien quedaron defraudados los curiosos. Porque los ilustres viajeros vestían picos del país, como, en el prestigio de las ellos dos damas de la el capitán Kanota, ay uno de los mejores a de navio de su Armr en Palacio por la R (a uiente día salieron para Sevilla á cumplimentar á los Reyes, después del almuerzo que dio en su honor lá Reina dona Cristina. j Lástima q u e no 11 e jí a r a n á tiempo de presenciar el acoso de rescs que se V I alie I rri Los infantes D. a Luisa y D. Carlos y los príncipes I) Felipe y 0 Raniero, en traje de campo, presenciando el acoso. Fot. Olmedo. Tatíca, les saA- -on S u s Majestades Grupo de garrocliistas que tomaron parte y lo más selecto en la fiesta, de la sociedad seFot. Olmedo. villana, sin contar el numeroso piiljlico aficionado. Cinco i arejas de jinetes, vestidos con traje corto, tomaron parte en el acoso y derribo, luciendo su fuerza, su habilidad y su lestreza v alcanzando g- randes ovaciones. No hubo ningún detalle desagradable, y la fiesta, organizada con un fin benéfico, dio un magnífico resultado. Un detalle curioso: los infantes doña Luisa y D. Carlos, los príncipes D. Felipe y D. Raniero, así como algunos aristócratas, presenciaron las faenas de acoso y derribo desde muj- cerca del campo de combate, vestidos con el castizo traje. Se comprende el entusiasmo de los asistentes á la fiesta, pues ésta es una de las más típicas de España, sobre todo, cuando se celebra en plena Andalucía, bajo aquel cielo espléndido, iluminada por un sol que es una invitación á la alegría. A la vuelta, los Reyes fueron aclamados, como de eos-